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Columnas

Cimarrón herido

No tengo que saber el himno, aunque sí lo conozco y hasta lloro cuando lo canto. 

Por Rosa María Méndez Fierros

No tengo que saber el himno, aunque sí lo conozco y hasta lloro cuando lo canto. 

También me emociono cuando escucho a mis jóvenes hijos, egresado y estudiante, hablar de sus carreras, de lo aprendido, de sus proyectos, intercambios, de sus ganas de salir adelante.

Me conmueven mis estudiantes, voraces aprendices del conocimiento y la pasión por la comunicación. Ni que decir de los egresados, ex alumnos de la Facultad de Ciencias Humanas, con quienes comparto el perenne deseo del aprendizaje, el periodismo.

Todo eso me hace sentir viva y con la voluntad inquebrantable del reclamo a las autoridades estatales que han evadido su responsabilidad de mantener vivas esas esperanzas de miles de jóvenes con corazón cimarrón, uabecino, pulcro legado de cientos de egresados que hoy están en decenas de cargos, empresas, que inundan las actividades públicas y privadas. 

Esa es mi UABC.

Cuando escribo estas líneas no puedo dejar de preguntarme: ¿es en serio que la autoridad estatal dejó de pagar millones de pesos, de manera criminal, truncando con eso las aspiraciones de miles de aspirantes a cursar sus estudios superiores en la UABC? 

Pero lo que es más: ¿en serio vamos a permitir que no se pague, que no se reciban más estudiantes, que los que están vean bajar su calidad educativa, ante la falta de maestros, investigadores, equipo, laboratorios, cursos, intercambios internacionales? 

Urge que se dé un fuerte manotazo en la mesa, primero por parte de las autoridades universitarias, seguido de la comunidad cimarrona, pero también de una sociedad pensante que exija al Estado que deje de estafarnos con un discurso hueco y conveniente de que todo mal viene del centro del país. 

Es urgente que salgamos y a una sola voz, reclamemos los recursos que como contribuyentes entregamos para que nuestros hijos tengan la posibilidad de un mejor futuro basado en una educación superior de calidad. Quienes egresamos hace algunos ayeres tenemos el testimonio de la fortuna que representa haber tenido la maravillosa oportunidad de estudiar en la UABC y haber alcanzado mejores condiciones de vida para nosotros y nuestras familias. Eso no se puede olvidar.

Los que llegamos de otras entidades, solo con una mochila al hombro e ingresamos a la UABC, los que vivimos el ascenso social y tiempo después vimos a nuestros hijos convertirse en universitarios, no podemos mantenernos neutrales. Eso no se olvida. Es tiempo de agradecer a nuestra Alma Máter sumándonos al reclamo directo a quienes dilapidaron mil 500 millones de pesos.

También es necesario que haya consecuencias, hasta penales, contra todo funcionario negligente que haya contribuido a herir a este cimarrón que está a punto de enseñar sus artes de pelea.

Hay hartazgo entre estudiantes y profesores universitarios. En los pasillos se escuchan las voces que piden a las autoridades de la UABC medidas más enérgicas para reclamar lo que es de todos los bajacalifornianos. Se percibe en las aulas el sentimiento de coraje, yo lo veo y lo siento.

Ha llegado la hora, antes de que sea demasiado tarde.

La verdad sea dicha.

* La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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