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¿Buena o mala suerte de Tijuana?

Algunos creen que Tijuana es una ciudad con mucha suerte por su vecindad geográfica con Estados Unidos.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Algunos creen que Tijuana es una ciudad con mucha suerte por su vecindad geográfica con Estados Unidos, pero en especial con el estado de California y la ciudad de San Diego, considerados como los más ricos de aquel país. Para otros, en cambio, es justamente esta vecindad el origen de sus múltiples problemas sociales y urbanos.

El tema no es nuevo, pero vale la pena discutirlo y analizarlo. Sobre todo esta idea: toda la vida económica y social de las ciudades fronterizas como Tijuana está determinada por su relación y subordinación con las ciudades vecinas de Estados Unidos. A diferencia de lo que se cree comúnmente, el origen de muchos problemas de esta ciudad se originan por esta relación.

Sin embargo, a pesar de su papel determinante casi no es tomada en cuenta en los diagnósticos que se hacen en Tijuana, en sus planes sectoriales o en las políticas públicas de los gobiernos. Es como un referente que está ahí nada más, como una realidad inexorable frente a la cual no se puede hacer nada. Ni siquiera hay que referirse a ella.

Esta relación no siempre ha sido negativa, obviamente. Pensemos en el periodo de la zona libre (a partir de los años treinta hasta los setenta), que fue un régimen ideado para permitir que las ciudades fronterizas de este lado pudieran subsistir y desarrollarse dado su alejamiento del centro del país.

Fue la época de oro de ciudades como Tijuana y Ciudad Juárez. Ciudades “transfronterizas”, con mejores niveles de vida que muchas otras, beneficiadas altamente por su estrecha vecindad y relación con Estados Unidos. Para decirlo con una frase, la vida era más fácil en estas urbes agringadas.

Pero esta etapa quedó atrás desde hace años. Después de los años 60 y 70 vinieron muchos cambios que, de nuevo, impactaron de manera negativa y positiva a las ciudades fronterizas como Tijuana. A partir de entonces llegó, por ejemplo, la industria maquiladora extranjera que absorbió la abundante mano de obra mexicana, pero a su vez trajo muchos problemas.

Entre ellos, atrajo a cientos y miles de obreros de muchas regiones del país que no tenían empleo, disparando el crecimiento urbano de la ciudad, presionando sobre los servicios públicos, educación, vivienda, etcétera. Tijuana empezó a crecer hasta convertirse en la urbe informe que es hoy.

En un par de décadas apareció el monstruoso problema del tráfico, la proliferación de autos ante la ineficiencia del transporte público. La maquila, al tiempo que daba empleo, creaba cinturones de miseria por toda la ciudad. Surgieron los contrastes entre zonas ricas y zonas pobres. El centro se fue empobreciendo y perdiendo como patrimonio cultural. La avenida revolución se fue muriendo.

También después de los años 70 aparecieron dos problemas que impregnan la vida de la ciudad, ambos íntimamente vinculados a la vecindad con Estados Unidos: la migración masiva de mexicanos y centroamericanos, y el tráfico de drogas. Ambos de hondas consecuencias en términos de violencia y corrupción, pertenecientes a un mundo subterráneo y oscuro que distingue a estas ciudades.

Después, más recientemente, apareció el problema quizás más sensible y lacerante para los consumidores fronterizos mexicanos: el control riguroso de la garita de Estados Unidos después de las ataques terroristas a las torres gemelas en Nueva York. El gobierno de aquel país convirtió la línea en un filtro impenetrable, provocando que los tiempos de espera para cruzar llegaran a 3, 4 o 5 horas en un día normal.

Tijuana lleva casi 21 años envuelta en un caos vial como producto de las políticas restrictivas de Estados Unidos. Desde entonces Tijuana es una ciudad paralizada o estrangulada en sus principales arterias viales. Un problema inmenso que ha corrido paralelo a la ineptitud de sus gobiernos que inventan medidas absurdas para remediar el problema.

La pandemia por el Coronavirus y con ella el cierre de la frontera por Estados Unidos es un ejemplo palpable de cómo la vecindad con aquel país, puede acarrear efectos negativos para las ciudades fronterizas mexicanas.

Si esta realidad no es tomada en cuenta por los gobiernos, Tijuana y otras ciudades seguirán sumidas en el caos. Poniendo remedios caseros o un parchecito aquí y otro por allá, pensando que el problema es de ingeniería cuando en realidad es un problema social que tiene que ver con nuestra vecindad con un país rico…que nos ve como su “patio trasero”.

¿Morena va a seguir haciendo lo mismo que los otros gobiernos?

 El autor es analista político

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