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Columnas

Bares y pandemia

Existen argumentos en relación a que parte de la violencia de la ciudad está relacionada a la operatividad de bares y centros nocturnos, cuestionados ahora adicionalmente por los contagios del coronavirus que generan.

“Donde hay grandes sumas de dinero, no hay que confiar en nadie”

Agatha Christi

Existen argumentos en relación a que parte de la violencia de la ciudad está relacionada a la operatividad de bares y centros nocturnos, cuestionados ahora adicionalmente por los contagios del coronavirus que generan.

Con la intención de disminuir la violencia, en 2008 la entonces administración municipal canceló permisos a centros nocturnos para operar después de las 3 am.

Estos permisos de horas extras intentaron regresar en la administración posterior, generándose un enfrentamiento de esa administración municipal con cierto sector de la sociedad, donde el movimiento en contra de las horas extras fue respaldado por el entonces gobernador Osuna Millan.

Osuna Millan emitió ley donde ningún centro nocturno puede operar más allá de las 2 am, ley que prevalece al día de hoy. Sin embargo, es de sobra conocido que existen muchos establecimientos nocturnos que, pese a esta normatividad, permanecen abiertos sin que ninguna autoridad los moleste.

El tema cobra particular relevancia con la pandemia, donde ciertos bares, con permiso especial, están siendo abiertos.

Siendo el esparcimiento y la diversión parte de la vocación económica de nuestra ciudad, suena extraño que aquellos bares no autorizados no se hayan quejado o argumentado discriminación, ¿será por que operan sin licencia de operación?

Regresando a los efectos de la pandemia en centros nocturnos, regularlos para que operen debe estar relacionado con dos aspectos: responsabilidad y movilidad.

Veamos a nuestros vecinos en California: ante el contagio masivo procedieron a volver a cerrar bares y restaurantes, pero nosotros dejamos abierta la garita convirtiéndonos en zona de desfogue, donde residentes americanos cruzan buscando distracciones nocturnas a las que no tienen acceso en su país.

La autoridad americana se vio obligada a reforzar controles, incrementando las inspecciones y alentando el cruce fronterizo de regreso a EU, generando desafortunadamente afectación al sector productivo de ambos lados de la frontera.

Acudir a un centro nocturno no es una actividad indispensable e implica riesgos importantes: música de alto volumen obliga a gritar y a acortar distancias, donde el consumo de alcohol pudiera no ser el mejor consejero para preservar la salud.

Igualmente, hemos atestiguado que en eventos donde se conflagran grandes cantidades de gente como fiestas y aniversarios, han dado pauta a un pico de incrementos en la transmisión del coronavirus.

Si los datos científicos son claros: ¿Cómo curarnos el daltonismo en el semáforo de riesgos del Covid y generamos normatividad de acuerdo a nuestra realidad, que nos indica “ROJO”, pero que en la realidad luce cada vez más verde?

Por otro lado, la recuperación económica de este sector es un gran reto. Vimos con empatía la manifestación de mas de 2,000 trabajadores del gremio que demandaban la reapertura; ellos necesitan trabajar y mantener a sus familias.

Como ciudadanos, tendríamos que aprender a comportarnos y desplazarnos con responsabilidad. La sana distancia, el cubre bocas, pero sobre todo la empatía con nuestros conciudadanos deber ser parte de la responsabilidad de todos, recordando que además de los 1,238 muertos y 4,856 contagiados, en Tijuana ya hemos perdido 8 policías y 27 trabajadores de la salud a consecuencia de la pandemia.

A corto plazo y mientras llega una vacuna, al virus solo lo podremos vencer con el arma de la responsabilidad.

Reabrir los bares pareciera carecer de razonabilidad, las autoridades tendrían que actuar y regular en esa lógica.

¿Tú qué opinas?

*- El autor es Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado.

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