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Antropónimo

¡Újule, este columnista ya se puso prosopopéyico! Dirá más de uno. Pero, no. Porque la palabra antropónimo sencillamente quiere decir “el nombre propio de una persona”, Como, por ejemplo, Romina.

Por Miguel Ángel Lino

¡Újule, este columnista ya se puso prosopopéyico! Dirá más de uno. Pero, no. Porque la palabra antropónimo sencillamente quiere decir “el nombre propio de una persona”, Como, por ejemplo, Romina. Nombre que casualmente ostenta mi nieta que acaba de nacer.
Ahora bien, ¿si usted supone que yo saqué de la caja fuerte de las palabras rimbombantes el vocablo antropónimo para presumir que soy abuelo por tercera ocasión? Pues, supone bien.
Pero: ¿A poco no le parece interesante el antropónimo Romina? Al menos yo lo considero armónico, de fonética contundente y de naturaleza exclusivamente femenina.
No tengo nada en contra de los nombres más populares en México desde siempre, como María, Guadalupe o Juana. Ni tampoco los que se han puesto de moda, como Jenifer, Kimberly o Megan… aunque ellas lleven los apellidos González, Hernández o Pérez.
Tampoco creo que el nombre propio sea determinante para bien o para mal en el destino de las personas. Aun y cuando, a mi hija y a mi yerno se les hubiera ocurrido llamarle Romualda en vez de Romina. Serán la crianza, el ejemplo, el aprendizaje y la cultura los contrapesos en su balanza de vida.
LA PALABRA DE HOY: ANTROPÓNIMO
Raíces griegas integran la palabra antropónimo que conforman al significado que ya comenté: “nombre propio de persona”; porque 'anthropos' quiere decir ser humano y 'onoma', nombre.
En forma coloquial, el antropónimo es el nombre de pila, el que surge de la pila bautismal por metonimia que en forma figurativa designa algo con el nombre de otra cosa: por ejemplo, el laurel y la oliva por la gloria y la paz.
Con tales raíces existe la palabra antroponimia que es el origen y significado de los nombres. Por ejemplo, Romina (de casualidad, nomás) tiene origen árabe y su significado es “mujer de la tierra de los cristianos”. De Roma, por supuesto.
Al estar escribiendo mi artículo, vino a mi memoria la figura de la actriz y cantante pop estadounidense, Romina Power, mi contemporánea nacida en Los Ángeles en 1951. Hija del actor Tyrone Power y la actriz Linda Christian. Además de haber sido esposa durante tres décadas del cantante Al Bano (Albano Carrisi). Famosa pareja que cantó en el festival de San Remo con gran éxito: “La felicidad” y “Será, será”.
DE MI LIBRERO: ENCICLOPEDIA DE LA LITERATURA MEXICANA.
“El nombre de las brujas” es solo en apariencia un nombre tétrico, porque en realidad se trata de un cuento para niños escrito por la mexicana, Guadalupe Alemán Lascuráin, con ilustraciones en la versión original de Beatriz Rodríguez García.
La contraportada de esta divertida y original obra se señala que: “Veintisiete brujas necesitan un nombre para seguir existiendo. Con el fin de lograrlo deciden preparar una fórmula para robar nombres, para lo cual es indispensable un mechón de pelo de niño aterrado. En la búsqueda de este ingrediente las brujas reciben varias sorpresas, porque no imaginas que El Turcas es un niño valiente y muy astuto, capaz de triunfar ante el miedo…”
Espero que Romina, mi nieta, en un futuro lea éste y muchísimos cuentos más, para heredar la máxima afición de su abuelo, la lectura.  


*El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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