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Columnas

Amor a la camiseta

Muchas veces lo que se ve no es lo que parece. Pasa en infinidad de sectores de la sociedad y el deporte no está exento de dicha premisa.

Por Jaime Navarro

Muchas veces lo que se ve no es lo que parece. Pasa en infinidad de sectores de la sociedad y el deporte no está exento de dicha premisa. Desde hace algunos años el practicante de un deporte pasó de ser un simple deportista a una estrella del espectáculo.

Salen con la misma periodicidad en el suplemento deportivo de cualquier matutino que en las revistas del corazón. Contratos millonarios, autos de alta gama, perfumes importados, ropa de marca, son características de todo aquello que hoy rodea a los deportes más hermosos del mundo.

Al paso de los años, la tecnología, la televisión, el dinero y los representantes, han desvirtuado el eje del deporte más para el lado del negocio que el del deporte mismo. Sin embargo, basta salir al interior del país para ver que todavía en las ciudades pequeñas se sigue cultivando la premisa original…el juego.

Ligas locales conformadas por equipos pequeños, con estadios sencillos, tribunas de madera y campos de juego en mal estado son la antítesis de ese deporte glamoroso que se cocina en las grandes ciudades, deportes como el béisbol o el futbol.

¿Cuándo se perdió aquello del amor por la camiseta, entrega a la defensa del equipo, expresiones que se usaban antes para simbolizar el afecto, sentimiento y pasión por un equipo? El exagerado mercantilismo que ha invadido el deporte en general, ha tornado el honor de representar a un club, o a la selección nacional, en un mero acto de mercado.

Tanto me pagas (en algunos casos son millones de dólares), tanto es lo que voy a rendir en el campo de juego. Basta con nombrar a Mickey Mantle (Yankees), Carl Yastrzemski (Boston) y Roberto Clemente (Piratas) en el béisbol o el Tigre Sepúlveda de las Chivas Rayadas del Guadalajara que solo jugaron para un solo equipo, jugadores que tenían alma, actitud, técnica, clase y amor por los colores. 

Los de hoy tienen mucho dinero, pero no les importa el club, salvo pocos. No conocen la historia, por eso no respetan a quien les paga y los sacó del anonimato y la pobreza. “Hay que enseñarles lo que cada club significa en la entraña popular para que entiendan lo que es el compromiso y conecten la chequera con el corazón”. Algunos de los que firman transferencias millonarias suelen dejar el alma en cada compromiso con el mismo tesón y ánimo fervoroso que ponían cuando jugaban por el equipo de la colonia, son un ejemplo válido.

Desgraciadamente esto no solo sucede en el deporte, en la política también existe. En la pasada contienda electoral muchos actores políticos cambiaron de camiseta y no precisamente por amor a los colores, miembros de todos los partidos políticos se afiliaron al partido ganador, por supuesto ninguno lo hizo por convicción, lo hicieron para conseguir chamba y así probar las mieles de una delegación federal de lo que sea, con la finalidad de tener vehículo, chofer, buen sueldo, viáticos, celular, gastos de representación y poder, sobre todo poder.

Baja California está próxima a iniciar un proceso electoral para la renovación total de todos los diputados, alcaldías y la gubernatura, empieza el carnaval y las pasarelas y por supuesto los cambios de camiseta, ¿cuantos buscarán su reelección, cuantos candidatos perdedores habrá buscando una nueva oportunidad?, ¿habrá caras nuevas?, ¿Cuántas caras nuevas de gente preparada postularán los partidos políticos?  Si los partidos políticos insisten en seguir proponiendo candidatos incultos, impreparados y sin compromiso alguno con la sociedad el destino de las ciudades y del estado no pinta nada halagador, como diría el Capitán Eduardo Garza Senande, bonitas sábanas grises.

*- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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