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Columnas

Agradecer y valorar

Poder llegar al término de un año, es una bendición, una oportunidad para hacer un balance personal ante Dios de la forma en que estamos aprovechando el regalo de vivir cada día, agradecerlo y valorarlo.

Por Anita B. de Ochoa

Poder llegar al término de un año, es una bendición, una oportunidad para hacer un balance personal ante Dios de la forma en que estamos aprovechando el regalo de vivir cada día, agradecerlo y valorarlo.

Ser agradecido nos hace mejores personas, nos ayuda a conquistar esas virtudes que nos ayudan a ser más felices y dar felicidad a otros. Una persona agradecida es alguien que trata de vivir la virtud de la humildad. “¿Quién soy yo para merecer tantas bendiciones?” En cambio quien no lo es, tiende a ser soberbio: “No tengo que agradecer a nadie, todo lo que tengo me lo he ganado con mi esfuerzo ”. Quien piensa así olvida lo más importante: ¿Quién nos dio la vida? ¿Quién nos da cada día la salud? ¿Quién nos dio la inteligencia para sobresalir, realizar proyectos y alcanzarlos? Indudablemente Dios, siempre presente en nuestra vida. Pero el malagradecido no lo reconoce, y cae en la injusticia, no valora siquiera el esfuerzo de sus padres, abuelos o personas que lo criaron, cree que todo lo merece. Su ego es tan grande que nada ni nadie lo satisface, ve al otro como poca cosa. Si se casa, siente que le hace un favor a su cónyuge, y aunque este se esfuerce en hacerlo feliz, nada es suficiente, piensa que todo lo merece. Esta persona es infeliz toda su vida, lastima a quienes tiene cerca y al final se queda sola.

De aquí la importancia de que los padres eduquemos a nuestros hijos en el agradecimiento, no solo enseñarles a dar las gracias sino hacerlos conscientes desde pequeños de los regalos que todos los días recibimos gratuitamente de Dios, porque nos ama, y que al no tener precio, no se compran con dinero.

No se compra la fe, la amistad, el afecto, el cariño, la dedicación, los abrazos y los besos.

No se compra el calor del sol, ni las gotas de lluvia. La canción del viento que pasa silbando, es gratis.

El niño que corre de forma espontánea a nuestro encuentro, y se cuelga de nuestro cuello no tiene precio. El collar que hace en nuestro cuello con sus bracitos, no está en venta en ninguna joyería, ni el calor que trasmite y se queda para siempre en nuestro recuerdo.

El aire que respiramos, la brisa que enreda nuestro cabello, el verde de los árboles y el colorido de las flores nos es dado por Dios gratuitamente.

Las cosas más valiosas en la vida no tienen precio y son las que más valen, las de más alto valor. ¿Con qué compraríamos la salud, el oxígeno que respiramos, el azul del cielo, la sonrisa de un niño, la mirada amorosa y tierna de los abuelos, el cariño de un padre o de una madre, el canto de las aves, el follaje de los árboles, un abrazo fraterno, un beso sincero? La realidad es que somos inmensamente ricos.

Que a partir de hoy, nuestro egoísmo no nos impida descubrir, valorar y agradecer a Dios tantos regalos que cada día, seguiremos recibiendo éste 2020 que ya se aproxima.

¡Mujer Mexicana forja tu Patria!

* La autora es consejera familiar.

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