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Abuso de menores

Puede sonar como una exageración o un intento de reprimir a quienes están dándole cuerpo al presente artículo, pero en nuestro Tecate están proliferando las personas que utilizan niños de brazos para pedir limosnas.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión.

Puede sonar como una exageración o un intento de reprimir a quienes están dándole cuerpo al presente artículo, pero en nuestro Tecate están proliferando las personas que utilizan niños de brazos para pedir limosnas. Los sitios que han escogido son las esquinas de las calles con bastante afluencia de automóviles. Por ejemplo, en el crucero del Boulevard Defensores y Universidad, se ponen a pedir dinero tres personas con niños de menos de dos años. Las condiciones climatológicas no les importan, como tampoco se preocupan los adultos que los utilizan, por el tiempo que los obligan a permanecer con ellos. En al menos dos ocasiones he observado que los menores duran bastante tiempo como si estuvieran dormidos. Hasta ahora, ninguna autoridad se ha hecho presente para comprobar que no es una artimaña y que en realidad necesitan hacerlo. Pero sería no solo recomendable, sino una urgente necesidad, que se desplieguen funcionarios del DIF para que inicien una investigación y deslinden responsabilidades.

En los inicios de la Edad Media las familias con muchos niños les cortaban las extremidades a sus hijos para mandarlos a mendigar. Posteriormente, ya en nuestros días, se han descubierto personas que drogan a los niños para que den la apariencia de enfermos, creen una imagen lastimosa para que la gente caiga en el garlito, se conmueva y les de dinero. Esto es un caso cruel de abuso de los menores, comparable con el de abuso sexual, o el de someterlos a las actividades propias del hogar o cualquier otra cosa. Es molesta la forma como las mujeres y los hombres pidiendo dinero, se colocan de manera agresiva frente a las ventanas de los carros para obligar a la contribución.

Es obvio que existen muchas familias con extremas condiciones de pobreza o de pobreza extrema en México. Las desigualdades socioeconómicas no solo son evidentes, sino que han ido creando una tenencia hacia la discriminación social grave. Las salidas hacia mejores condiciones de vida, o la llamada movilidad social, que los jóvenes en pobreza o pobreza extrema tienen, se reducen al ingreso a las filas del crimen organizado. Pero cuando los adultos explotan a los pequeños forzándolos al cansancio, el enfado, el hambre, el frío y otras temperaturas extremas, la única salida que esos menores tienen es la investigación formal de las autoridades responsables de la niñez.

Para su infortunio, estos niños no han logrado sensibilizar a los funcionarios tecatenses, quienes trabajan a menos de quinientos metros de ellos, en las oficinas de Palacio Municipal. La dejadez y el libertinaje de las autoridades para atender estos asuntos, ha logrado que todo tipo de sujetos hagan de nuestras calles un sitio para esquilmar a los ciudadanos. Si se les pusiera un poco de atención a estos pedigüeños, algunos andan bien vestidos, tienen celular, andan rasurados y no muestran ninguna señal de abandono. Si se les diera seguimiento, podrían llevarse sorpresas tales como que en realidad no necesitan mendigar sino dedicarse a buscar un empleo formal, porque tienen buenas condiciones de salud. Esto, si a las autoridades federales, estatales y municipales les preocupara poquito. Tal vez un siglo de estos todo cambie. Vale.

*- El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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