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Columnas

¿A dónde van los desaparecidos?

“¿A donde van los desaparecidos? Busca en el agua y en los matorrales

Por Beatriz Limón

“¿A donde van los desaparecidos? Busca en el agua y en los matorrales

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¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que lo trae el pensamiento

¿Cómo se llama al desaparecido? Una emoción apretando por dentro”. Como reza la letra de la canción “Desapariciones” de Los Fabulosos Cadillacs, Maylin, una emigrante cubana se pregunta lo mismo por su hija, de la que hace semanas no sabe absolutamente nada.

“Si me hubieran dicho el precio que tenía que pagar por estar aquí, no vengo”, me dijo la mulata con una de las miradas más tristes que he encontrado en mi vida. Platiqué con ella mientras se guarecía en una iglesia en Phoenix (Arizona), luego de que agentes migratorios la dejaran en una esquina cerca de la estación de autobuses.

“No sabía ni dónde estaba parada, sin comida, sin dinero. Gracias a Dios un paisano se compadeció y pagó un taxi para que nos trajera a este lugar”, me dijo mientras trataba de domar su crespa cabellera.

La inmigrante, quien cruzó por San Luis el río Colorado hace más de una semana, describió que ha vivido un “calvario” al ser separada de su esposo, Reynaldo Pérez, y su hija Laura, quien se encuentra en situación delicada a causa de que solo cuenta con un riñón y padece de espina bífida.

“Lloré como una perra cuando nos separaron. Aunque ella tiene 19 años depende mucho de mí, de sus medicinas, no puede comer harina, sodas, sufre desmayos y vómitos constantes”, me relató Maylin, quien fue liberada del Centro de Detención de Eloy, pero sin su familia.

En el mismo centro de detención fue que la separaron de su esposo y su hija, y a pesar de sus súplicas, sus llantos y plegarias, fue ignorada, luego liberada sola, sin información donde se encontraba, ni a donde habían procesado a su familia.

En plena ola de migrantes que cruzan la frontera y desbordan las instalaciones abiertas del Gobierno, las autoridades están recuperando la vieja práctica de dejarlos a su suerte en las calles, muchos de ellos con la angustia de desconocer la suerte que han corrido sus familiares.

La cubana teme lo peor por su hija, ya que como está viendo la condición en que abandonan a los migrantes en las calles, no quiere ni pensar que la dejen sola en una esquina. La describió como una niña que no conoce de malicia, y mucho menos sabe moverse sola en Estados Unidos, aunad a la angustia que su teléfono es de una lada mexicana, la que pierde señal en el país. La emergencia migratoria que se vive en la frontera Sur está desbordando al sistema, y por ahora, solo unas cuantas iglesias reciben a estos inmigrantes, la mayoría provenientes de Cuba, Brasil, Rumanía, África, Haití, Venezuela y Centroamérica.

“Nosotros venimos porque Biden dijo que no iba a separar familias”, me comentó Thelma, otra inmigrante cubana quien se encontraba en el refugio junto a sus tres hijos. Como muchos, pensó que la situación había cambiado con la salida de Donald Trump, y la idea de que “las fronteras se abrieron”, la enganchó a tomar la decisión de emprender una nueva vida junto a su familia en Estados Unidos.

La realidad con la que se topó, aseguró, es muy diferente a la planteada por los “coyotes”. Ella y su familia fueron detenidos y llevados al centro de detención de Eloy, ahora, Thelma desconoce el paradero de su marido.

En la misma situación me encontré a Yoleidy y Mariela, dos cubanas que fueron separadas de sus esposos en Yuma (Arizona), y que ahora están desesperadas por tener noticias de ellos. “Hablamos a ICE pero no responden, no sabemos dónde pedir información para reencontrarnos, es muy desesperante”, me señaló Yoleidy. Mariela, solo agregó: “Están desaparecidos”. 

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