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Columnas Año electoral

Zona Sísmica

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Llegó el esperado 2018, un año en el que se avecina la "madre de todas las elecciones", en donde se elegirá al sucesor del presidente Enrique Peña Nieto, que podría ser Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade Kuribrena, Ricardo Añaya Cortés, el independiente Jaime Rodríguez y si alcanza a juntar las firmas para lograr la candidatura independiente, Margarita Zavala. Pero apenas empieza y ya la catarata de spots sobre las virtudes de los supuestos "precandidatos" es insoportable. Las personas de todas las edades tienen que "apechugar" para escuchar en cualquier momento la "spotisa" diaria en radio y televisión, donde todos los aspirantes se asumen como lo mejor de lo mejor, como los salvadores de la patria. Se debe tomar en cuenta que esto apenas es la "precampaña", así que cuando lleguen las campañas todo esto se multiplicará. Propósitos Pero en el ámbito político, los gobernantes de todos los partidos deben tratar de no distraerse en lo electoral y sí en trabajar para la ciudadanía en general. En Baja California, quienes están en el círculo de poder deberían tener varios propósitos. Uno de los propósitos que el gobernador Francisco Vega de Lamadrid debería tener en mente, es lograr la disminución de la inseguridad en la entidad, que desde el año pasado es golpeada por la delincuencia. El Mandatario bajacaliforniano debe proponerse evaluar objetivamente la labor de la procuradora Perla del Socorro Ibarra Leyva y de su amigo, el recientemente designado secretario de Seguridad Pública del Estado, Gerardo Sosa Olachea, quien de plano llegó para ser una figura de ornato en esa dependencia, porque quienes sí llegaron a sentar sus reales en Baja California son los delincuentes organizados y desorganizados. El alcalde cachanilla Gustavo Sánchez Vásquez, debería incluir en su lista de propósitos algo similar a lo del Gobernador, es decir una evaluación de los directivos de Seguridad Pública Municipal, quienes no han podido contener la delincuencia. El edil mexicalense debería tener entre sus metas de este año lograr una mejor recaudación del impuesto predial, así como el mejoramiento de las vialidades donde con tanto bache, el pavimento parece haber sido bombardeado. En la zona Costa de la Entidad, en la coqueta Tijuana, el alcalde Juan Manuel Gastélum debe proponerse también hacer un verdadero ajuste en la Secretaría de Seguridad Pública de ese municipio, porque los discursos no sirven para frenar a la delincuencia. Situación similar deberían hacer los alcaldes de Rosarito y Ensenada, Mirna Rincón y Marco Antonio Novelo, respectivamente, porque ambas ciudades viven en gran parte del turismo extranjero, que ante la ola delictiva es ahuyentado. En el pueblo mágico de Tecate ni se diga, la alcaldesa Nereida Fuentes debe dar una buena sacudida en su corporación municipal, porque el anteriormente tranquilo municipio está corriendo la misma suerte que Tijuana. Pero una cosa son los propósitos y buenos deseos, y otra es realmente cumplirlos. Reclamo Un pésimo cierre de año 2017 tuvo Mexicali y Baja California en general, con el asesinato del abogado y presidente del Colegio de Abogados en el Ejercicio Libre del Derecho, Juan José Castro Crespo. La muerte del dirigente de la agrupación de letrados de inmediato provocó reacciones de indignación entre ese gremio, por lo que han exigido a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), a cargo de la magistrada con licencia Perla del Socorro Ibarra Leyva, que lleve a cabo una investigación rápida y eficiente, para lograr la identificación, captura y sentencia de quien o quienes hayan cometido ese incalificable crimen. Desde mediados del año pasado la capital del estado ya "pintaba" en cuanto a la inseguridad en ascenso, sobre todo reflejada en algunos delitos de alto impacto, como los homicidios y robos con violencia. Mexicali cerró 2017 en 153 asesinatos, es decir, doce crímenes mensualmente, lo que genera un sobresalto en la población porque cada vez se siente más vulnerable. Pero no sólo es que se cometan los crímenes, sino que los culpables de cometerlos difícilmente son identificados y por lo tanto quedan impunes. Seguramente tras el asesinato de Castro Crespo, sus colegas se mantendrán al pendiente de las investigaciones para que se llegue al fondo del asunto. Sea cual haya sido el móvil del crimen se debe investigar y alguien debe ir a parar a la cárcel.

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