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Columnas Ese no sé qué…

Punto de inflexión

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“Muchas maravillas hay en el mundo. Pero la obra maestra es el corazón materno” Bersot Siempre he pensado, lo digo con convicción, que son mejores. Ni más ni menos que nosotros, pero sí mejores… Aunque suene contradictorio en verdad siento que así es y que realmente significa un misterio que hay que saber escudriñar para poder dilucidar sin apasionamientos, pero con la interesantísima encomienda de acertar a descubrir ese algo que hay detrás, ese no sé qué que hace la diferencia… De entrada son hermosas. Su cuerpo, su esencia, sus ojos, sus sentimientos, su abrazo, su beso… todo eso que termina por volvernos locos aunque algunos digan a veces lo contrario. De entrada encarnan los mejores sentimientos de la mejor manera posible. Amor, respeto, ternura, tolerancia, abnegación, entrega, fidelidad, honestidad, son, entre muchas más, características que, insisto, simplemente las hacen ser mejores a la hora de la verdad, cuando hay que saber estar ahí, cuando hay que demostrar de qué se está hecho para gozar las buenas y sufrir las malas junto a los suyos. Son ellas. Son las mujeres. Ese ser que en sí mismo termina por representarlo todo por lo que uno lucha en esta vida. Ese ser al que me refiero y sobre el que creo al menos suponer en dónde se encuentra el punto de inflexión que termina por hacerlas diferentes a tal grado que a veces nos es imposible entenderlas bajo la óptica de nuestra condición masculina. Ese secreto, el mejor guardado sin duda alguna, pienso que está enclavado en el momento en que esa mujer se convierte en madre… ¡he ahí en punto de quiebre! ¡he ahí el código indecifrable de dar a luz la vida que solo ellas, me queda claro, pueden comprender! Es, una vez que son madres, cuando ya nos es imposible alcanzarlas. Cuando ya experimentaron ese algo que tenemos que estar claros que nunca ni siquiera por un instante alcanzaremos siquiera a pensar comprender los hombres. Cuando con todo el amor del mundo nos dieron a nuestros hijos como el complemento perfecto para no decaer y seguir luchando lo que nos reste de vida… En lo personal doy gracias a Dios que tengo a las cuatro de mi vida en este día tan especial. A mi abuela que a su vez dio a luz a mi madre y a mi esposa que a su vez dio a luz a mis hijos… siendo dos ellos, mi adoradas mujercitas Isabella y Romina que algún día, si Dios así lo quiere, habrán de ser madres para seguir marcando esa diferencia que no las hace ser ni más ni menos, pero eso sí, simplemente mejores… ¡Feliz día de las Madres! El autor es editorialista local/consejero CDEM.

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