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Columnas PÓSTIGO

Póstigo

Por Antonio Medina de Anda

El don de maicear A pesar de promulgar la soberanía nacional sobre la riqueza del suelo y subsuelo; repartir los extensos latifundios; rescatar bienes usurpados por extranjeros; implementar la obligatoriedad y gratuidad de la educación laica; emancipar a obreros y campesinos; consolidar el estado soberano; el sufragio efectivo, la no reelección y otras tantas reivindicaciones económicas, políticas y sociales exigidas por la llamada revolución anti porfirista (1910-17);el grupo militar vencedor (Álvaro Obregón y su pandilla) de inmediato sesgaron el contenido popular, justiciero y participativo plasmado en el constituyente de 1917. Para mejor precisar la deformación inicial del periodo pos-revolucionario diremos que la cruzada en contra del pueblo lo materializo’, a más de la impunidad y corrupción, el no acatamiento de la esperanza radicada en la justicia social que las diferentes tendencias revolucionarias, entre 1920 y 1934, habían prometido (pero que) fue aplazada por los caudillos sonorenses en patrocinio de intereses privados nativos y foráneos atizando, en extremo, la ya de por si tiránica desigualdad social sobrellevada desde épocas históricas. Precisamente la contradicción de lo escrito (la Constitución) y la realidad (lo hecho) marco’ la ruptura entre el expresidente de México, General Lázaro Cárdenas (1934-40), con sus antecesores al predominar en esta sexenio las nacionalizaciones, expropiaciones, soberanía, reparto y mejor distribución de la riqueza atendiendo, de forma sobresaliente, a las capas más desprotegidas de la sociedad lo que trajo, a más de diversos satisfactores, el afluir de analistas interesados en caracterizar al cardenismo, sus tiempos y alcances derivando de ello definiciones que aun ahora, 83 años después, coincidentes o discrepantes tipifican a dicho sexenio de nacionalista revolucionario, popular, bonapartista, antimperialista o gobierno benefactor para no mencionar los aportes de la derecha conservadora que juzgan al expresidente de consumado “comunistoide”. Consistentes o inconsistentes los argumentos que acreditan los preceptos anteriores, el PRI no cardenista metió en la misma urna los enunciados citados degradándolos en migajas, maiceo o canonjías que nunca, jamás lograron agobiar, y menos desterrar, la miseria material y pensar subordinado de las masas lo que transcurridos los años acabaron deteriorándose ante el empuje del neoliberalismo depredador, es decir, el modelo que reemplazo’ al royo de la justicia social por el de “primero los ricos y al final los pobres”. De allí que la política socioeconómica implementada por la globalizada oligarquía y gobernantes a su servicio no tendrán, a pesar de la pregonada oratoria, relevancia pues el suministrar “atole con el dedo” solo ha evidenciado ambiciones electoreras, manipuladoras y clientelares opuestas a la honra de un salario legítimo, empleo honorable, servicios públicos íntegros, trato digno a la persona, democracia incondicional, etcétera. El don de maicear, ha sido comprobado, tiene como central propósito que los programas y recursos públicos sirvan como promoción política, publicidad directa personal y treparse al carro electoral para, de allí, amarrar el gracioso dedazo sin importar si la manipulación cae en lo grotesco, se disfraza con distintas dadivas o, cosas de la modernidad, se justifican a través de maquilladas encuestas… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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