No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Lago indomable

Póstigo

Por Antonio Medina de Anda

Sea en páginas sociales periodísticas o de revistas rococó, a los ricos y famosos les hechiza balconearse en majestuosas tertulias permitiéndoles posar felices, contentos y divertidos en razón del empalago que la “suerte divina” les heredó en lo económico, político y espiritual donde, por esta última gracia, confiesan parecerse a los santos misioneros, al piadoso Chucho el Roto o, de menos, a Juan Soldado, en virtud a su vocación empresarial que suministra inversiones, producción, empleos, salarios y otros beneficios a cual más de “abundantes y caritativos”. Desde luego el júbilo desbordado por los magnates en sus veladas placenteras no tiene comparación con el estrepitoso regocijo cada vez, y todas las veces, que merced al contubernio y tráfico de influencias con el régimen se fotografían firmando jugosos contratos, permisos o concesiones que les autoriza a explotar, depredar y empobrecer mayúsculamente a las ya de por si menesterosas condiciones del país y su gente, pues de acuerdo a los ocultos códigos establecidos, tanto la gran obra como la mediana y pequeña se someten en base al grado de piratería, compadrazgos y chanchullos determinados en justo “tamaño del sapo es la pedrada…” De manera que como cualquier reflejo de acción y efecto, del dulce encanto de la burguesía sobreviene la indignación, la rabia, el temperamento iracundo de quienes se consideran intocables e inequívocamente indispensables a la hora de resolver lo que requieren o no las mayorías, el dictaminar por todos o, en su caso, enmudecer frente a lo fallado por los rapaces grupúsculos detentadores del poder que, en el ocaso del corrupto y codicioso sexenio peñista, los déspotas decidieron edificar, sobre la cama donde reposan los misterios del Lago de Texcoco, la nueva terminal aérea de CDMX sabedores de lo rentable que implicaría maquillar (acondicionar) el anegado terreno y su inagotable conservación. Negocio redondo al que secundaría el despojo de la tierra aledaña para sembrar en torno de la insultante obra –por no decir pestilente– un emporio residencial, hotelero, restaurantero, bares y casinos provistos con suntuosos servicios “dignos del primer mundo” ofertados, obviamente, por los mismos “manotas” locales y trasnacionales que ya comercializados, ¡Eureka!, el corte de caja estaría colmado de dólares y euros sin desdén hacia los arrugados pesos aunque, negación de la afirmación, el tiro escapó por la culata ante el ¡no¡ ciudadano que de esa manera rechazó el consabido pillaje. Y entonces el malandrín y archimillonario gozo del lago lo encharcó proyectándose, tal era de aguardar, una histérica ofensiva de amenazas e infundios propagados por cabecillas empresariales, gerentes mercaderes y trompetas de usos disponibles (PAN, PRI, PRD y viciados “chayoteros” de prensa, radio y TV), los que leguleyos y repulsivos el pantano de Texcoco, de igual modo, se los tragó. Por lo pronto la derecha mostró las castigadas fauces evidenciando su verdadero y descompuesto rostro que, hemos de señalar, históricamente al indomable lago ni los caciques aztecas, los colonialistas españoles, invasores extranjeros y menos vende-patrias de la cornadura de Fox, Calderón y Peña Nieto… han logrado deshonrar. * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

Comentarios