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Columnas PÓSTIGO

Póstigo

Aristocracia tóxica En nuestro país la repulsa ciudadana en agravio de los partidos y la clase política es, afirmativamente, por el gran desempeño corrupto e impune de líderes y gobernantes sin negar los modos de ser que por encima de temperamentos, intereses o debilidades casi cualquier sujeto anexado a los privilegios brindados por el poder y mando mudan, por simple conversión, en figuras que van de lo autoritario a lo despótico lo que no invalida, causa-efecto de toda contradicción, que dicha figura opresora ya emplazada en la entraña del circulo dominante asume posturas sumisas, aduladoras o de vasallo frente a las controversias generadas en el ánimo de la cúpula mafiosa. De allí que la característica común entre partidos sea la falta de crítica y autocrítica ceñida, en cuanto a instrumento constructivo, a través de juicios y argumentos sustentados en la contradicción derivada de hacer una correcta lectura sobre la realidad objetiva-subjetiva que, tratándose de la malsana clase política aquí padecida, demasiado distantes se hallan de practicar métodos democráticos (internos y externos) para zanjar diferencias, desafíos, contiendas, etcétera; pues lo usual es utilizar la diatriba, intriga, maquinación y empleo toxico que incrimina al antagónico. Precisamente los cacicazgos partidistas o sindicales, por ejemplo, antes que convencer con el discurso optan por estructurar prostituidas tribus conformadas por secuaces encargados de blindar a corrosivos y arcaicos líderes gremiales, a perpetuos políticos burocratizados, a funcionarios trapecistas que década tras década vegetan saltando de un hueso a otro sin omitir, obviamente, a pandillas marca “Chuchos”, Atlacomulcos, izquierdo-manías, independientitis que en suma, matices de por medio, casi ningún partido es emblema de consecuencia y respeto a los ideales, estatutos, principios y preceptos que, salvo evidencia contraria, solamente maquillan los oxidados fundamentos ideológicos, políticos y doctrinarios de la casta partidista. Atrofiados por las peores incongruencias políticas, por decir lo menos, nada extraña ver y palpar la mutua atracción entre el PRI devastador de los recursos naturales con los nefastos “preservadores ambientales” del mal llamado Partido Verde o, con igual o más despreciable conducta, las alianzas entre la recalcitrante derecha del PAN y el “izquierdista” PRD mantienen, no solo en esta coyuntura presidencial sino, de tiempo atrás, comparten tranzas legislativas, respaldados y apuntalamiento de agravios que la mafia del poder descarga contra las mayorías: Aparte del “Pacto por Mexico” los renegados chuchos(Ortega, Zambrano, Graco y malandrines) codelincuentes con el Prian impusieron la maldecida y vigente Ley Indígena. Probablemente parezca altisonante afirmar que los políticos profesionales, con sus justas excepciones, se amontonan dentro de un costal de ignominia desbordado de cinismo, corrupción, impunidad y frivolidades mil que culminan en desmesurada fobia contra los olvidados y avasallados por la justicia que, material y espiritualmente donde, por esta última, sobrevino el torrente publicitario a salud de la Sra. Margarita Zavala de Calderón: Mujer honesta, valiente, inteligente, comprometida con México… una ficticia, adulterada catarata cosmética que ni la destinataria de los excesivos elogios puede dar crédito. Y menos aquellos que la hemos observado y escuchado… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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