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Columnas PÓSTIGO

Póstigo

Por Antonio Medina de Anda

Resucitando el olvido Posiblemente lo más selecto de la casta patronal sienta encontrarse en el filo del agua. O tal vez los fantasmas antes creados por ellos en esta oportunidad, cual bumerang, regresen para espantarles el sueño y placeres cotidianos. O quizás acomodaticios y proclives a servirse del poder que los ateta, en la víspera, ahora sí, invocan prudencia y mesura. O acaso de dientes adentro, simulando borrón y cuenta nueva, aparentando apartarse de las campañas electorales sucias conminan a desechar agravios, divisiones y rencores sociales. O a lo mejor entre las muchas pesadillas en una de estas se les aparece el alma en pena de sus rezos advirtiéndoles, ¡cuidado!, si vuelven a soltar el tigre esta vez tienen mucho, bastante que perder. A reserva de mejores interpretaciones, personalmente me queda claro que la cúpula del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) momentáneamente se quitó el jactancioso antifaz para, sobre el archiconocido rostro, colocarse el velo de la hipocresía y la comedia para ya camuflados amonestar a los presidenciables cuyo sermón de campaña, creen ellos, no logra superar lo fácil y superficial orillando, a los ricos y famosos, en voz del Presidente del CCE, Juan Pablo Castañón, a decir un ¡ya basta! a los candidatos (ausentes) de la 35 Asamblea General del organismo empresarial que acuerpa a lo más suntuoso del poder económico y político de Mexico. Exigentes de un debate serio y responsable de parte de los aspirantes presidenciables, al empresariado lo que más le importa es tener una perspectiva clara “sobre el país que estamos construyendo” pues, se jactan los afiliados al sindicato patronal, “no tener partido ni candidato pero si claridad y visión del país”. Es decir, por todo el antecedente conocido es de suponer que su cristalina mirada vislumbra el modo de enriquecerse a la sombra del régimen. Una forma de atisbar y aprovechar la fragilidad ética y moral de la clase política corrupta. Un método descifrador del laberinto burocrático que permite usufructuar, despojar y depredar. Un infesto que lleva a la concentración de la riqueza en pocas manos. En fin; la visión de crear condiciones conformadoras de un país brutalmente desigual. Por eso la única claridad tiene relación, aunque no se diga ni admita, con la necia realidad que no puede desfigurar los superlativos grados de abuso, violencia, desempleo, corrupción, injusticia, etcétera; mismas que avasallan cada costado de una nación conformada por ciudadanos desconfiados, incrédulos e irritados como causa de las tropelías que la clase patronal ocasionó, precisamente, en las elecciones del 2006 al orquestar la madre de todas las batallas sucias contra AMLO y en abrigo del espurio Felipe Calderón. Desde luego es probable que no todos los reclutas de aquella guerra de lodo hayan pertenecido al CCE, tan plausible como que la mayoría no se identificara con un partido o candidato determinado, lo cierto, empero, radica en que nunca les tembló la mano ni la billetera al momento de protagonizar un atentado electoral francamente canalla. A falta de autocrítica del CCE, justo es señalar al desmemoriado… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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