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Columnas PÓSTIGO

Póstigo

Por Antonio Medina de Anda

Liberales-conservadores En cuanta formulación general todo pensador presumiblemente liberal concibe al sujeto en base a su libertad. En cambio, por su particularidad, el liberalismo es una doctrina opuesta a toda intervención económica del Estado se trate de relaciones individuales, grupales, clasistas o entre naciones lo que resulta en la llamada “libre empresa” contrapuesta al socialismo y a cualquier conducción, pues la potestad para producir, vender y distribuir es un atributo cualitativo y cuantitativo exclusivo del mercado y su regalada gana para competir, centralizar, acaparar, monopolizar y determinar dónde, cómo, cuándo y cuánto invertir o concentrar de las ganancias extraídas del pulmón jornalero. Roles de por medio, diremos que entre “liberal y liberalismo” domina la tesis de que por el hecho de cojear de la misma pata derecha unos y otros convergen en lo esencial: dar por cierto que el hombre común como el patrón deben ser libres: libertad para juzgar (sentenciar) y soberanía para intervenir (explotar), ya que bajo dicho albedrío desfilan conceptos, imaginarios y maniobras que maquillan el discurso de los hipócritas de la libertad, no importa si sus prójimos se hallan y sojuzgados mediante la fuerza de quienes defienden y resguardan el estado de cosas impuestos. En México, ya negociada la Independencia entre insurgentes y realistas, se inauguró un violento reacomodo de fuerzas que por su orientación política e ideológica se dividió en liberales y conservadores, que de acuerdo a su particular visión de país, abrazaron proyectos de nación irreconciliables así fueran tiempos de paz, de guerra u ocupación extranjera, los que no menguaron hasta concretarse (gobierno liberal de Juárez) la legitimación de la Republica que hasta entonces era espuria en razón del doble poder implantado: el civil y el eclesiástico. Históricamente el pensar y accionar liberal juarista trascendió la patria (Leyes de Reforma y Estado laico), sin embargo , no logró culminar su fortaleza, pues quien antes fuera hoguera liberal, Porfirio Díaz, una vez en el poder enseñó el peculiar rostro del tristemente célebre liberal conservador cuando, aparentando venerar la libertad, colocó el prolongado régimen al servicio de la siempreviva burguesía terrateniente aliada, por supuesto, a la siempreviva oligarquía católica: ambos exaltados, asesorados y justificados por los liberales-conservadores positivistas (conocidos “científicos” porfiristas). Una espacie ideológica que hasta el momento en cada parto de los montes se repite. Ignoro si Víctor Alejandro Espinoza en su artículo titulado “Ignorancia y manipulación” (FRONTERA 14-03-18) remojó el cinturón con el que argumentativamente propinó una merecida tunda a uno de los cerebros de la mafia intelectual del sistema, en este caso, el representado por Enrique Krauze, quien, en franco maridaje con los de su estirpe, objetiva y subjetivamente, como cualquier encomendador o recadero, dentro y fuera de México, en precisa armonía con el régimen, el Prian, mercenarios de los medios y la reacción privada se han sumado a la guerra sucia en contra de Andrés Manuel López Obrador. Por lo pronto al liberal conservador Krauze, Víctor Alejandro atrapólo, exhibiólo y chicotiólo… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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