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Columnas Peregrino o errante

Piensa

Por Octavio Ballesteros

La temporada de Navidad no solo es tiempo de alegría, sino de reflexión también. W. Churchill. En la familia es donde se puede transmitir la filosofía de vida a los hijos, y es ahí donde precisamente los padres pueden inculcar el mejor legado que les pueden dejar: la fe, el optimismo, la esperanza de que ellos tendrán la capacidad de salir adelante. Otro aspecto muy valioso para los hijos será el descubrirles el fin de su existencia. Ricardo Semler, reconocido empresario brasileño, recomienda mucho el que constantemente nos preguntemos el porque estamos haciendo lo que hacemos, y comenta que no se le olvida cuando uno de sus hijos siendo pequeño aún le espetó la siguiente pregunta: ¿porque existimos? Cuestión de enfoque. Se dice que el ser humano tiene dos momento cumbre en su vida: el primero es cuando nace, y el segundo cuando descubre para que es bueno, cuál es su vocación. Y en ambos casos los padres contribuimos significativamente. En el primero de ellos sin la intervención de los dos no se da, y en el segundo es un aspecto que tenemos que cuidar de ayudarles en ello. Al respecto de esto, el Papa Francisco comentaba recientemente que es muy importante cuidar cómo va uno por la vida: cuando eres un peregrino, quiere decir que tienes muy claro hacia dónde vas, hacia dónde te diriges, qué objetivos te interesa alcanzar. Muy diferente es cuando tu caminar es como errante, ahí simple y sencillamente vas caminando sin rumbo fijo, a salto de mata, dependiendo de donde sopla el viento, y de esta manera no se llega muy lejos. Que podemos hacer. Una de los mejores modos de transmitir principios a nuestros hijos es a través de la coherencia en nuestro comportamiento. Y que de alguna manera con nuestros actos más que con las palabras les mostremos el camino correcto de hacer las cosas. Véalo usted mismo estimado lector, cuántas veces no hacemos referencia a lo que nuestros padres o mayores hacían o decían, y lógicamente nos circunscribimos a ese modo de pensar. Otro aspecto a cuidar, sobre todo ya con hijos adolescentes es el hecho de que nos tengan confianza. Los jóvenes actualmente están sujetos a presiones externas muy fuertes, como puede ser el ambiente, un profesor en la Universidad que les inculca una idea equivocada, una amistad no muy recomendable, por mencionar algunas. Pero el principal problema no son los obstáculos que puedan enfrentar sino que no tengan alguien en quien confiar y consultar sus dudas e inquietudes, y es ahí donde los padres o los mayores podemos ejercer una influencia muy positiva. Recuerdo la anécdota del padre de familia que era un poco parco, entonces les dice a sus hijos: “cuando alguno de ustedes quiera hablar conmigo, con toda confianza invíteme a cenar y yo pago la cuenta”, para que así no tuvieran empacho en tener rato de conversación con el. Conclusión. Todo ser humano tiene un don que es muy preciado: la libertad personal. Y ahí está la gracia de la educación, y hablando de los hijos, que ellos sepan que es lo mejor, lo que más conviene, y lo hagan porque quieren. Nosotros como padres no podemos cambiar a los hijos ni a nadie, pero si podemos coadyuvar a que ellos quieran cambiar. Esta es la verdadera educación, sacar lo mejor del individuo, con pleno uso de su libertad. Y un aspecto más: es clave formar en virtudes a los hijos. La mejor formación académica y un excelente conocimiento de los valores, pero si no hay aplicación de los mismos, el individuo termina pensando cómo actúa. No se vale que todo se lo demos hecho, sin que ellos pongan o realicen un esfuerzo porque conseguir lo que deseen. Si no hay virtud no hay carácter, si no hay carácter estarán expuestos a que cualquier adversidad los arrase y los inutilice. Ejemplos tenemos muchos. Feliz domingo estimado lector, y disfrute mucho en familia este tiempo de Navidad, nuestros más sinceros deseos. * El autor es socio del Despacho Ballesteros y Asociados, planes de ahorro y protección.

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