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Columnas PERCEPCIÓN POLÍTICA

Percepción política

Por Gustavo Macalpin

Mi viaje a Cuba La semana pasada tuve la oportunidad de visitar la isla de Cuba. Me di a la tarea de planear un viaje distinto. No quería conocer las hermosas playas de la isla. No quería quedarme con los lugares pintorescos. Lo que realmente quería era comprender la Revolución cubana y el funcionamiento del régimen socialista. Me hospedé en la casa de una familia cubana, completamente alejada de la zona turística, en uno de los barrios donde uno realmente puede palpar la forma de vivir del habanero. Tomé la ‘gua gua’, acompañé a “mi familia” al mercado con su respectiva libreta de abastecimiento, caminé todos los días entre calles repletas de excremento y basura acumulada de más de un metro de altura, me acostumbré a tolerar olores insoportables, a no tener agua durante horas, a mal dormir en una cama que parecía de clavos. Comí el típico sándwich de carne de cerdo con arroz y frijoles que cuesta menos de 50 centavos de dólar en las cafeterías cubanas, pagué con dos dólares a la mesera, le dije que mantuviera el cambio y palpé la desesperación al ver su incrédula mirada. En general, duré días moviéndome en aquellas zonas de la isla donde no encuentras un solo turista, pero sí encuentras la forma en la que viven la mayoría de los cubanos. Después de varios días, no resistí. Opté por ir a La Habana Vieja, la zona turística por excelencia. Opté por ir a El Vedado y Miramar, los barrios más acomodados de la capital cubana. Opté por ir a comer a La Bodeguita del Medio, el Hotel Nacional de Cuba, el Paladar San Cristóbal y el Hotel Ambos Mundos. Y fue así como conocí el otro extremo. Restaurantes que te venden un platillo de comida en 15 dólares. Lugares completamente inaccesibles para los cubanos. Y es que, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba, el salario medio es de 29 dólares al mes. Lógicamente, los cubanos, con su sistema socialista, no siguen el mismo estilo de vida. La educación es completamente gratuita en todos los niveles, no importa si quieres hacer cuatro maestrías y siete doctorados. El acceso a la salud no cuesta un peso, sin importar si requieres la intervención de un neurocirujano. La canasta básica, el cine, el teatro, los museos, los eventos deportivos, todo está subsidiado por el Estado. En México, 27 millones de personas sufren de pobreza alimentaria. En Cuba, la canasta básica está garantizada. En México, 4 millones de personas no saben leer ni escribir. En Cuba, el analfabetismo no existe. Y es así como opera el régimen castrista. La gran mayoría de cubanos tienen poco, pero tienen lo indispensable. Sobreviven con lo básico, pero sobreviven todos. Pasar unos días en Cuba como el típico turista extranjero es sumamente normal. Pasar unos días en Cuba pretendiendo ser local es sumamente extraño. Aunque, para los cubanos, lo verdaderamente extraño es la forma en la que vive el resto del mundo. El autor es abogado y conductor de televisión.

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