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Columnas PERCEPCIÓN POLÍTICA

Percepción política

Por Gustavo Macalpin

AMLO vs sector empresarial El sector empresarial de nuestro país decidió alzar la voz para criticar el discurso político de Andrés Manuel López Obrador. Fueron claros al señalar que no buscan atacar al candidato presidencial, sino que su objetivo es rechazar una campaña que polariza y divide a la sociedad mexicana. Cierto es que López Obrador utiliza un discurso que polariza, pero no es nada nuevo, es el mismo lenguaje político que ha utilizado prácticamente desde 1988, tras su primer intento de conseguir la gubernatura de Tabasco. Además, dicho discurso le ha dado grandes resultados a lo largo de los años. “La mafia del poder” se ha convertido en una verdadera referencia que muestra dos grandes bandos: nosotros vs ellos, políticos vs pueblo, y, al parecer, ricos vs pobres. Seguro estoy que, de llegar a ser presidente, López Obrador no quiere verse en la necesidad de gobernar distanciado del sector productivo de nuestro país, lo cual podría representar grandes dificultades para ambas partes. Sin embargo, dudo mucho que la batalla contra la clase empresarial, en pleno proceso electoral, perjudique al líder de Morena. Como explicara hace unos días Macario Schettino, economista mexicano y profesor de la escuela de gobierno del Tec de Monterrey, en los últimos dos años ningún político ha ganado, en ningún país del mundo, una elección; es decir, todos los triunfadores han sido outsiders, antisistema, anti-establishment, o como guste usted llamarles. Nos guste o no, Andrés Manuel López Obrador representa al candidato antisistema en la presente elección presidencial. A pesar de evidentemente no ser un outsider - por haber sido militante del PRI, llevar años viviendo del erario público y contar con un partido político propio – un amplio sector poblacional lo ubica como alguien contrario a la forma en que se ha gobernado en las últimas décadas. El conflicto del tabasqueño con el sector empresarial, lejos de ser algo negativo, puede ser, por lo menos para gran parte de la opinión pública, algo digno de ovacionar, pues los empresarios de nuestro país están lejos de tener una gran imagen a los ojos de las mayorías. ¿Por qué? Porque México sufre un terrible problema de corrupción, inseguridad y desigualdad económica. Y derivado de esos tres profundos problemas, desde mi punto de vista surge uno que nos hunde aún más: desconfianza. Los mexicanos desconfiamos los unos de los otros. Por ello, la polarización de la que tanto nos quejamos no es culpa de un discurso. El discurso es únicamente la chispa que enciende un sentimiento arraigado en nosotros de odio, miedo y frustración. Cuando más del 40% de los mexicanos viven en situación de pobreza, naturalmente habrá resentimiento contra la clase política, la clase gubernamental, la clase empresarial o todo aquello que huela a élite. Andrés Manuel López Obrador a tachado a los empresarios mexicanos de mafiosos, traficantes de influencias, ladrones, corruptos, minoría rapaz, entre muchas otras cosas. Curiosamente, ese discurso no hace sino reafirmar la postura de su base electoral. El autor es abogado y conductor de televisión.

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