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Columnas ¿Son divertidos los fuegos artificiales?

Percepción política

Por Gustavo Macalpin

En 1995, el entonces alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, llegó al hospital de El Tunal, en el sur de la ciudad. Ahí estaba un niño de nombre Wilmer, en una cama, con su mano izquierda vendada. Los médicos le dijeron al presidente municipal de la capital de Colombia que el niño había perdido sus dedos índice y pulgar, pues una mecha se le había estallado en la mano. Horas más tarde, por órdenes del alcalde bogotano, fue expedido el Decreto 791, con el cual se prohibió la venta de artículos pirotécnicos, fuegos artificiales y globos, así como el uso de los mismos productos. A pesar de las múltiples recomendaciones por parte de instituciones gubernamentales, y diversos sectores de la sociedad civil, el fin de semana de año nuevo, aquí en Mexicali, una vez más, hubo personas lesionadas por el uso de fuegos artificiales. Cruz Roja reportó se le amputaron dos dedos a un hombre de 25 años de edad, luego de un accidente en la zona urbana de nuestra ciudad. En el Valle de Mexicali, dos niños, de apenas siete y ocho años, sufrieron graves quemaduras en sus manos. Y en el poblado de Los Algodones, un hombre de 50 años sufrió lesiones en una mano, el tórax, y parte del rostro. “Ojalá que lo que me pasó a mi les sirva a todos ustedes para que aprendamos que la pirotecnia no deja nada bueno en nuestras vidas. Tristemente me tocó aprender por las malas, pero en verdad deseo que esto les sirva de mensaje para que no tengan que pasar por algo así”, expresó hace un par de días Jürgen Damm, jugador de fútbol profesional, seleccionado nacional, luego de que un cohete explotara cerca de su rostro, afuera de su casa en Monterrey, produciéndole quemaduras de primer grado. ¿Qué hacer para terminar con este problema? ¿Cómo convencer a la ciudadanía de no hacer uso de fuegos artificiales? ¿Cómo hacerles entender que ponen en riesgo su salud y la de otros? ¿Cómo mostrarles su conducta tiene un efecto profundamente negativo en el ambiente? Estoy convencido la labor de un gobierno –un buen gobierno de verdad– no radica únicamente en dar o quitar, permitir o prohibir, sino en buscar cambiar ciertos hábitos en los ciudadanos, crear normas urbanas sólidas, generar una mejor convivencia social, o, lo que es lo mismo, construir ciudadanía. “Cambiar hábitos relacionados con la convivencia y más específicamente con el cumplimiento de normas urbanas por vía de la autorregulación personal y la mutua regulación interpersonal…Un enfoque de gobierno centrado en la idea del ‘saldo pedagógico’: cada acción de gobierno se aprovecha para formar ciudadanía y para difundir conocimientos específicos útiles para los ciudadanos”, escribió Antanas Mockus, quien también fuera profesor y rector de la Universidad Nacional de Colombia. Los malos hábitos de una sociedad pueden erradicarse, buenos hábitos pueden construirse, y todo gobierno moderno, visionario y audaz, debe, por lo menos, intentarlo. El autor es abogado y conductor de televisión.

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