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Columnas PALABRA POR PALABRA

Palabra por palabra

Por Miguel Ángel Lino

Chipocludo En animada reunión sabatina con mi grupo de lectura, cabalgábamos junto al “Caballero de la triste figura”, allá por el capítulo 40 de la segunda parte de El Quijote, cuando brotó la palabra ínclito. Cito unas letras de dicho hallazgo: “… de nuevo os suplico, andante ínclito y señor indomable, (que) vuestra graciosa promesa se convierta en obra” … Y yo, ante tan intrincado adjetivo bien pude haber señalado que ínclito equivale al más chipocludo de la pradera o, más coloquial si se quiere: al mero mero petatero. Pero no, me atuve a lo que señala el diccionario de la Real Academia Española: “Ínclito, que proviene del latín 'inclîtus' significa afamado, esclarecido e ilustre". Pues bien, lo anterior viene a cuento porque el rabioso Gerardo Fernández Noroña le pidió al ínclito Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados y de nuevo chipocludo entre los chipocludos, que impidieran la transmisión del menaje que ayer pronunció el exiguo, pero aún presidente de México, Enrique Peña Nieto. Será ese el estilo morenista que se impondrá: ¿revanchistas, censor e intransigente? Espero que no. Ojalá que los primeros trasformados sean los ahora convertidos en chipocludos trasformadores. Y aquí, saco a colación el consabido adagio que dice: “El que la hace, la paga”. Que en México: ¡Ya quisiéramos! Bueno, pues ahora es cuando chile verde... pero no de manera incivilizada y brincándose la Ley… Sin importar que, en un tardío examen de conciencia, Peña Nieto haya declarado un “mea culpa” por acciones, decisiones y omisiones abundantes en su sexenio. ¡Ya para qué quiere tapar el pozo cuando el niño se ha ahogado, cuando él y su partido fueron arrasados! Ya veremos si la “República amorosa” contiene a los rijosos “noroñas” que andan sueltos y quieren sangre, porque con cumplirse la ley, basta y sobra. LA PALABRA DE HOY: CHIPOCLUDO Ya quedamos que chipocludo es un adjetivo coloquial para designar al que destaca o sobresale. El que tiene mucho poder (para bien o para mal) es un chipocludo. También se utiliza para calificar al que sabe mucho o al que hace muy bien su trabajo. Lo mismo que se les adjudica a las cosas fuera de lo común y por ello extraordinarias, por ejemplo, un Rolex que es un reloj chipocludo tanto por su valor económico como por su precisa maquinaria de origen inglés con certificado cronométrico suizo por primera vez en 1910. Como funcionario, uno chipocludo es un gallón. Encumbrado, poderoso e influyente. En forma de apócope se les dice: “chipocles”… quizá (y no me haga mucho caso) es un eufemismo del muy descriptivo mexicanismo chin terminado en ón. PREMIO LITERARIO: JORGE IBARGÜENGOITA Sigue la mata dando y Juan Villoro ahora recibe el premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura que otorga la Universidad de Guanajuato. Ante tal merecimiento, Villoro expresó: “Nadie puede estar objetivamente orgulloso de lo que escribe; pero sí estarlo de lo que admira” al reconocerse como alumno ibargüengoitiano y autorizado por el célebre autor para “explorar los estimulantes absurdos de lo cotidiano” sin omitir que el premio lo excede. Juan Villoro, chilango nacido en 1956, es un escritor sexagenario bien chipocludo. El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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