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Columnas PALABRA POR PALABRA

Palabra por palabra

Por Miguel Ángel Lino

Berenjenal Un amigo me sugirió que escribiera sobre la palabra odisea y estuve a un tris de hacerlo. Pero, el larguísimo viaje de Odiseo que incluye el regreso al reino de Ítaca es digno de un ensayo que hoy no me siento capaz de emprender. Lo único que señalaré, en beneficio de quienes no conozcan el poema épico de Homero, La Odisea, es que fue escrito en honor del mitológico personaje griego Odiseo que, en latín, es Ulises al que por años espera su bella esposa Penélope... Aunque muy pocos (tirándole a casi nadie) hayan leído dicha obra clásica, la palabra “odisea” se utiliza con mucha frecuencia con el significado de “sucesión de peripecias, por lo general desagradables”, como solemnemente la define la Real Academia Española. Pero, en mis palabras, una odisea es un berenjenal, alboroto, bronca, complicación, desorden, embrollo, enredo, lío o zafarrancho. Le cuento –con conocimiento de causa– que en los muchos años que viví en la Ciudad de México cualquier trámite burocrático era un berenjenal: monserga complicada y fastidiosa. En cambio, en Mexicali no son tan engorrosos. Y no sólo por el menor volumen de quienes solicitamos los trámites; sino principalmente por la actitud de quienes nos atienden. Aquí va una experiencia: No hace mucho me pasé un alto al dar vuelta a la izquierda antes de que la flecha se encendiera en el semáforo. Craso error, porque de la nada surgió un agente motorizado que me detuvo ipso facto (o sea, de volada) y, habiendo reconocido mi error, sin chistar acepté que me levantara la infracción… Al día siguiente fui a la comandancia y en la caja quise aminorar el sablazo con mí estampita milagrosa (mi credencia el Insen), pero el cajero me aclaró que por pasarse un alto no había indulgencia. Resignado y a punto de pagar, el mismo cajero me sugirió que pasara con el juez calificador, que resultó jueza, joven y amable. Al inicio de mis argumentos de defensa, la jueza me interrumpió: “Usted lo que quiere es una reducción de la multa” y sin esperar mi repuesta empezó a llenar un formulario digitalizado, lo imprimió y me lo entregó con el 30% de condonación (que significa perdonar para los que no sepan quién es Odiseo). Nos quejamos ante el gentío y la tardanza, pero no por lo dificultoso del trámite, sino porque todo lo dejamos para el último día… ¡Ándale, aún no he pagado la tenencia! LA PALABRA DE HOY: BERENJENAL De milenaria existencia, la palabra berenjena pasó del persa al árabe y finalmente llegó al español primero como alberenjena y después sin el “al” para quedar como berenjena. Lo de meterse en un berenjenal es porque la planta es espinosa y de molesto cuidando en su cultivo. Una antigua copla leonesa dice: “El pimiento ha de ser verde / los tomates colorados / la berenjena espinosa / y los amores callados”. Lo de “tomate colorado” es que en la tierra de Cervantes así le llaman a nuestro jitomate. ¡Uy!, no me queda espacio para recomendar un libro porque sin darme cuenta me metí en un berenjenal. El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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