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Columnas PALABRA POR PALABRA

Palabra por palabra

Por Miguel Ángel Lino

Muina Le confieso que ando enmuinado (enfadado, para las nuevas generaciones). Mi molestia es por la tozuda insistencia al prometer que “se cambiará la historia”. Contumacia que persiste en la promesa electorera de modificar lo inmodificable, lo que ya sucedió, lo que quedó en el pasado. Retórica que deja a los prometedores como ilusos o maliciosos embaucadores. Se puede revisar el pasado para no cometer los mismos errores e injusticias y –desde ahí– iniciar la construcción de un alentador futuro. Para revertir lo malo y sustituirlo por algo bueno. Aunque, la palabra revertir conlleva el riego de “volver una cosa al estado o condición que tuvo antes”. Lo que sería desastroso, porque dígame: ¿Cuándo hemos estado bien? Dónde tienen la cabeza (¿la tendrán?) los estrategas en comunicación del amasijo “Por México al Frente” que insistentemente dicen tener todo para cambiar la historia del país. Cuando lo que queremos lo mexicanos es un futuro de trabajo, justicia y seguridad. ¡Mañana, no ayer! Porque la mera verdad, hoy estamos del cocol. ¿Semántica? Lo dudo. Me inclino más por una confusión involuntaria (dándoles chance). Ya que por el conjunto de sucesos políticos, sociales, económicos y culturales vividos en México en los últimos sexenios la mayoría han sido promesas huecas... “Cambiar la historia” se puede hacer en la ficción de una novela o en la trama de una película. ¡Ah, vamos! ¡Ahora caigo! Lo dicen como una hipotética ficción de lo que será el futuro. Entonces mi muina aumenta, nomás no les creo. LA PALABRA DE HOY: MUINA En el Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, acerca de la palabra muina, evoca: “… generación de un aire o emanación maligna que afecta a terceros al experimentar un coraje… teoría humoral hipocrática introducida por los españoles durante la Colonia… la bilis amarilla uno de los cuatro humores segregados por el organismo, cuyo derrame a causa de un disgusto altera el equilibrio de los restantes líquidos corporales”. Aunque desde siempre, en México las promesas incumplidas nos dan muina que desata del enojo a la ira. El lingüista y lexicógrafo Guido Gómez de Silva, en su Diccionario Breve de Mexicanismos, puntualiza: “Muina del español (ibérico) mohína cuando se experimenta un sentimiento de enojo, disgusto o tristeza. Mohíno proviene del árabe andalusí 'muhín' / “despreciado, vilipendiado”. Con el tiempo la u se convirtió en o y adquirió el significado de tristeza: sentir mohína. Hoy, la muina es enojo que hasta puede provocar el derrame de la bilis. DE MI LIBRERO: 'COMO LA LLUVIA' Reitero mi recomendación del poemario “Como la Lluvia” de José Emilio Pacheco: “A los veinte años nos dijeron / «Hay que sacrificarse por el mañana». / Y ofrendamos la vida en el altar / del dios que nunca llega. / Me gustaría encontrarme ya al final / con los viejos maestros de aquel tiempo. Tendrían que decirme si de verdad / todo este horror era el mañana”. El próximo 12 de marzo, en el Café Literario, leeré poemas de tan singular libro. Lo haré sin pena ni muina. El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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