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Columnas Añoranza

Palabra por palabra

Por Miguel Ángel Lino

Un proverbio ruso dice: “Añorar el pasado es correr tras el viento”. Lo que parece algo inútil; pero, mirar hacia atrás con nostalgia es inevitable. ¿Cuestión de edad? Tal vez. Los más jóvenes miran hacia adelante anhelando un incierto futuro exitoso. Otros, en cambio, con cierta madurez analizan errores y fracasos para vislumbrar dentro de lo posible un mejor futuro… En cualquier caso, yo creo que lo mejor es vivir intensamente el presente; pero, sin olvidar todo lo bueno que se ha vivido, dejando que lo malo “se lo lleve el viento”. Pero, de ninguna manera habrá que estar instalado en el pasado ni tampoco esperar sólo maravillas del futuro. El ahora y aquí es el único tiempo que en realidad existe para hacer de nuestras vidas un papalote. Por ello, ahora que inicia el 2018 yo no dejo de añorar a mis familiares lejanos, aquellos que viven y los que han fallecido; pasar más tiempo con mis hijos y con mis nietos; también añoro la convivencia con mis amigos de siempre sin celulares, Facebook o WhatsApp de por medio; una vida cultural más intensa; y pasear una tarde de domingo por la Alameda para sentarme bajo la sombra de un frondoso árbol y leer de nuevo El conde de Montecristo. LA PALABRA DE HOY: AÑORANZA El verbo en catalán 'enyorar' o 'anyorar' pasó al castellano como añorar. En catalán, la palabra 'enyorança' (“enyoranza”) se relaciona con 'ayorança' que significa “tristeza por una ausencia”. El verbo en latín 'ingnorare' (no saber) también se utilizó en el sentido de “no saber de alguien” lo que provoca un sentimiento de tristeza. Ignorare tiene el prefijo negativo in- y además se vincula con la raíz indoeuropea 'gno' / conocer. Del latín 'ignorare' al catalán 'enyorança' y luego al español añoranza que en una sola palabra significa nostalgia. Lo que confirmé en el libro “El arca de las palabras” de Andrés Trapiello, en donde leí lo siguiente: “A medida que se alejan de nosotros, nuestros años parecen acabar en manos de todos, menos en las nuestras” … Y con ello, -digo yo- nace la dichosa nostalgia. DE MI LIBRERO: 'CAFÉ NOSTALGIA' Zoé Valdés, surge a la literatura como gran poeta (no me gusta la palabra poetisa) y sin abandonar su vena lírica, Zoé se convierte en una extraordinaria novelista con más de 15 títulos, varios de ellos muy reconocidos y premiados. Café Nostalgia, novela de 1997 editada por Planeta en Barcelona, nace de su animadversión al régimen de Fidel Castro y tiene reminiscencias en la vida de la novelista en el bohemio Paris. El personaje de la novela, Marcela se casa con un anciano sólo para abandonar la Isla. Ya instalada en París, se mantiene en contacto, a través del Internet y el teléfono, con sus amigos que lograron emigrar de Cuba. Pero nunca puede quitarse del pensamiento el mar caribeño, la imagen del malecón y el penetrante olor del café recién hecho. De todos sus recuerdos, el más insistente es un crimen pasional, tragedia que le predijo un santero negro… Y, no le sigo para no develar más de la trama de esta novela en donde juega un papel importante la añoranza. El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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