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Columnas Palabra por palabra

Palabra por palabra

Por Miguel Ángel Lino

Arrobar Como si fuera una incitación al hurto por ser homófona; la de hoy no es una palabra homógrafa porque se escribe junta y con doble erre. No indica lo mismo y ahora se le explico: Arrobar es verbo transitivo de tiempos de María Castaña, o mejor dicho un arcaísmo que significa arrebatar; pero con el sentido de embelesar o cautivar los sentidos. Una belleza arrobadora como la sudafricana que ganó el certamen de Miss Universo. He aquí otra palabra de las que se van quedando rezagada en el camino perdiendo su sentido poético; que reaparece en un santiamén con nueva vida y en todo el mundo como símbolo del lenguaje cibernético e indispensable en toda dirección de correo electrónico entre el nombre del usuario y del dominio que utiliza. Sin la arroba @, ningún e-mail se trasmite. Y más aún, cuando uno escribe el nombre de una persona registrada en Twitter, en forma automática aparece su dirección arrobada. Convirtiendo la privacidad en un imposible. Pero la simbólica arroba no nace con la comunicación entre internautas. Tiene una historia tan añeja como extraordinaria. Algunos historiadores la ubican en el siglo XVI como insignia de una medida de peso para el contenido de singulares ánforas, cántaros o recipientes con granos, sales o líquidos, cuyo pesaje se representaban con la arroba @. Peso que hoy equivale a 11.5 kilogramos. LA PALABRA DE HOY. – ARROBAR Primero iré a la raíz de palabra de origen árabe, arroba que significa “el cuarto” o “la cuarta parte” de un quintal que pesa 46 kg., entre cuatro partes igual a 11.5 kg. Ahora bien, como símbolo informático se le atribuye a Raymond “Ray” Tomlison ser el padre del correo electrónico, quien creó el formato típico “usuario@servidor”. Todo lo demás es historia. Como neologismo, arrobar en Twitter se refiere a la acción de anteponer el símbolo de la arroba a un nombre. Si éste está registrado, aparece el destinatario. Ejemplo: @Miguel Ángel Lino de inmediato se convierte en @malinoconversa y con ello, mi identidad cibernética aflora. DE MI LIBRERO: LA VIDA ERA ESO. Al Internet le queda guango el refrán “si buscas, encuentras”. Pero mucho de lo que encuentras es laxo, impreciso, malintencionado y hasta aberrante. Pero, de que cosas buenas también se hallan, ni qué dudarlo. Así, escudriñando la red, di con la novela “La vida era eso” de la escritora valenciana, Carmen Amoraga, quien ganó el Premio Nadal 2014, premio que surge en 1944 y que otorga la Editorial Destino que pertenece al Grupo Planeta desde 1990. Esto como garantía. No la he terminado, pero lo que llevo me invita a seguir con su lectura. Le cuento un poco de ella: Giuliana se queda viuda con dos hijas ante la intempestiva muerte de su esposo, William, asiduo a las redes sociales a las que Giuliana les prestaba poco interés… Sin embargo, ella puede transitar de la congoja y enojo a la resignación, primero con incipientes conversaciones en redes sociales; práctica que gradualmente intensifica como “liga” a la afición de su marido. Así, a través de conversaciones y evocaciones, sin dramatismo y con total naturalidad que incluye el cicatrizante sentido del humor, Giuliana aprecia lo vivido y comienza una nueva etapa con identidad cibernética arrobada. *El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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