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Columnas MIRADOR

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Los vítores... Las palmas... Las muestras de amor... Las alabanzas... La alegría y el entusiasmo de la gente... ¡Qué hermoso todo! Y unos días después el odio, el vituperio, el desprecio de la muchedumbre, y al final la muerte. Siempre está vivo el odio del hombre contra el hombre. Siempre. Primero, domingo de Ramos. Después, muerte de sangre. El drama de Jesús es drama eterno. Se siguen repitiendo para siempre las palmas de la gloria y las cruces del martirio. ¡Hasta mañana!...

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