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Columnas MIRADOR

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Si en vez de una manzana la serpiente le hubiera ofrecido a Eva un durazno del Potrero de Ábrego la perdición del género humano se habría anticipado considerablemente. Estos duraznos son en verdad paradisíacos. A la vista tienen curvaturas de mujer. Al tacto suavidad de terciopelo. Al olfato inéditos aromas. Y al gusto sabores inefables que no se comparan con ningún sabor. Uno solo de estos duraznos bastaría para perfumar el mundo. Con su dulzor dejaría de ser salado el mar. Quien tenga la desdicha de no haber conocido nunca una mujer tome en sus manos un durazno del Potrero. Por su belleza, redondez y suavidades es lo que más se le parece. ¡Hasta mañana!...

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