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Columnas MIRADOR

Mirador

¿Qué súbito regalo es éste? Voy en mi automóvil por la carretera con rumbo al aeropuerto de Monterrey. Se tienden todavía frente a mí las sombras de la noche. De pronto, al dar la vuelta en una curva, asoma el sol por encima de la montaña, y con su luz se llena de repente el valle. Y aquí viene el regalo: la tierra está cubierta de arbustos coronados con una flor color de malva, o lila, o rosa. Todo el mundo, hace un minuto perdido en las tinieblas, se ha vuelto luminoso y colorido para mí. Yo voy de prisa, porque el avión no espera. Pero me detengo y bajo del coche unos instantes a contemplar aquella maravilla. La tengo ahora en el recuerdo como una visión perfecta de belleza. Irá conmigo siempre aquel instante fugitivo en que el paisaje se vistió de sol y se puso en la solapa una flor color de malva para que yo la viera. ¡Hasta mañana!...

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