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Columnas MIRADOR

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El árbol de chabacano que está en la vieja casa dio su fruto. Humilde es ese árbol, tanto que ni siquiera sabe que se llama albaricoquero. Pero sus frutos, hechos de miel y oro, poseen redondeces femeninas y aterciopelada piel. ¿De qué color son los chabacanos? Decir, como dice el diccionario, que son amarillentos es injuriarlos. No son amarillentos ni amarillos; no son anaranjados ni son rojos. Son color chabacano. Es un color único que no es como ningún otro color. El arco iris es pobre porque no lo tiene. Fruto muy dócil es el chabacano. Puedes abrirlo en dos sin necesidad de usar cuchillo. Comes una mitad, luego la otra, y eso es igual que comulgar bajo las dos especies, pues en él va el sol de Dios, y van su agua y su tierra. Eso quiere decir que va la vida. En su semilla va también la promesa de una nueva vida. De la eterna vida. De la vida eterna. Ha cumplido su tarea el chabacano. Su misión es dar fruto y ya lo dio. Ahora descansará. ¿He dado fruto yo? ¿Tengo derecho a descansar? No sé qué responder. ¡Hasta mañana!...

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