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Columnas MIRADOR

Mirador

De la noche a la mañana las flores de mi jardín florecieron por unanimidad. Decir "de la noche a la mañana" no es caer en un lugar común. Cuando me fui a dormir no había una sola flor que pusiera una nota colorida en medio del verdor del césped. Hoy que salí fui recibido por una convención de rosas, geranios, alhelíes, belenes, hortensias, pensamientos, plúmbagos. Ningún botánico, floricultor o jardinero habrá que pueda explicarme ese milagro. Yo sé por qué ocurrió. Tenemos mi esposa y yo en el jardín una pequeña estatua en bronce de San Francisco de Asís. Nos la regalaron nuestros hijos cuando cumplimos 40 años de casados. Es un San Francisco catoniano, dicen ellos. Sucede que en el brazo derecho del Poverello un pajarito y una pajarita están haciendo más pajaritos. Pues bien: pienso que anoche San Panchito predicó a las criaturas del Señor. Al oír sus palabras amorosas la luna brilló más; las estrellas titilaron con luz nueva; la música de las esferas se oyó más musical... Y florecieron las flores del jardín. Así, de la noche a la mañana. Sé que esta explicación no es científica. Pero ¿acaso es científico el amor? ¡Hasta mañana!...

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