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Columnas MIRADOR

Mirador

En la cabaña del bosque he encendido una vela. Su tenue resplandor disipa la oscuridad y me permite ver la forma de las cosas. Estoy solo, pero no estoy solo. Me acompaña el recuerdo de quienes estuvieron aquí antes que yo: mi padre; sus hermanos, sus amigos. Me acompaña el silencio, perfecta compañía que no rompe el hilo de mis pensamientos. Me acompaña la soledad, amiga buena cuando necesitas tener un diálogo contigo mismo. La llama de la vela, sin palabras, me da una lección. Calladamente cumple su misión de iluminar. No pide nada a cambio. No se jacta de su obra. Es humilde como aquéllos que sirven de verdad. No hace ruido. No espera alabanzas ni reconocimiento. Sencillamente da su luz hasta el final. Vendrá el día, se disiparán las tinieblas de la noche y la pequeña vela se habrá agotado ya. Pero cumplió su misión. Ahora brilla el sol. Pero ella también brindó su luz. Al hacerlo me dio ejemplo de servicio a los demás. En su pequeñez está su grandeza. ¡Hasta mañana!...

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