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Columnas MIRADOR

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Ser actor, dijo alguien, es morir cada noche. Es cierto. El actor deja de ser quien es para convertirse en otro ser. Renuncia a ser lo que es -Antonio, Pedro, Juan- para ser lo que es: actor. Yo lo fui en un tiempo. Quizás aún lo soy: quien una vez subió al palco escénico ya nunca baja de él. Ciertamente todos actuamos en el teatro de la vida. Es decir todos mentimos. "¡Qué gusto verte!". "¡Qué bien te queda ese vestido!". "¡Leí tu libro y me encantó!". Los actores, sin embargo, mienten para decir la verdad. Oí la historia de un actor que se enamoró de la hija de otro actor. Le dijo el padre de la chica: -¡Jamás permitiré que mi hija se case con un actor! -Señor -suplicó el pretendiente-, antes de negármela le ruego que me vea actuar. Accedió el veterano actor, y fue a ver en el teatro al muchacho. Acabada la función le dijo: -Puedes casarte con mi hija. No eres actor. ¡Hasta mañana!...

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