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Columnas MIRADOR

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-¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo! Así gritaba aquel pastor. Venían a todo correr sus compañeros aprestando sus hondas y garrotes para combatir a la fiera, pero el animal no venía: el pastor los había engañado. Bien pronto el engañador cobró fama de mentiroso. Todos en los contornos aseguraban que lo único que sabía era mentir. Eso sí: para engañar e inventar cosas irreales no había nadie como él. Cierto día llegó a la aldea un automóvil de gran lujo. De él descendió un hombre elegantemente vestido. Entró en la taberna del lugar -ahí conocen a todo mundo- y preguntó por el pastor. Alguien lo fue a llamar. Cuando el recién llegado lo tuvo ante sí le preguntó: -¿Tú eres el pastor mentirosa? -Así me llaman -respondió el otro, avergonzado por el defecto que le había atraído el rechazo de los suyos. -Bien -dijo el hombre-. Quiero que vengas conmigo a la ciudad. Ahí ganarás mucho dinero. Estamos en víspera de iniciar una campaña política, y necesitamos que asesores a nuestro candidato. ¡Hasta mañana!...

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