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Columnas MIRADOR

Mirador

El rey Cleto no creía en nada aparte de en sí mismo. Un día le dijo, burlón, a San Virila: -He oído que has convertido a millares de incrédulos y los has hecho tener fe. A ver: conviérteme a mí. El frailecito hizo un leve movimiento de su mano, y el rey Cleto quedó convertido en sapo. Se volvió San Virila hacia a los estupefactos cortesanos y les dijo con una sonrisa: -Su Majestad no me dijo en qué quería que lo convirtiera. Con eso se convirtieron los cortesanos. El humilde monje hizo otro movimiento, y Cleto dejó de ser sapo y volvió a ser rey. Lo vio San Virila y comentó: -Creo que se veía mejor antes. ¡Hasta mañana!...

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