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Columnas Un mal paso de Morena

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Apenas había terminado de formular algunas preguntas en torno a cómo ejercería Morena su mayoría legislativa, como lo hice en mi columna pasada, cuando ya se había dibujado o esbozado una respuesta. Los tiempos corren rápido. Quizás es sólo un tropiezo y un error garrafal de unos legisladores que no están acostumbrados a tener mayoría, o también una pauta de comportamiento político que, pese a lo que se diga, no está plenamente erradicada en nuestro país. En un mismo día, con unas horas de diferencia, los senadores rechazaron primero y después aprobaron otorgar licencia al ex gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, quien antes de llegar al Senado promovió algunos cambios en la Constitución local para poder hacer este enroque. Es decir, dejar de ser gobernador, hacerse senador y acto seguido pedir licencia para regresar de gobernador, ejercer ese cargo hasta diciembre y después regresar al Senado. Algunos senadores de Morena rechazaron en la primera votación esta alevosa actitud de Velasco, pero después, convencidos por la labia de su coordinador Ricardo Monreal, que defendió el derecho de aquel a pedir licencia, votaron a favor, aunque hubo algunas abstenciones. Después, como hechos simultáneos aunque quizás no tengan relación entre sí, se dio a conocer que 5 diputados del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), al que pertenece el gobernador Velasco, “accedieron” pasarse a la fracción parlamentaria de Morena en la Cámara de Diputados, dándole automáticamente la mayoría absoluta y también la posibilidad de presidir la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de esta legislatura por tres años. Sean cuales sean los acuerdos que puede haber detrás de estos hechos, que para desgracia de Morena coincidieron en el tiempo, dejaron una imagen terrible de los senadores de ese partido, de su coordinador Ricardo Monreal, de Martí Batres y de Mario Delgado como coordinador de los diputados morenistas. Para que la población y los votantes de Morena registren y sientan que votaron por un cambio, éste tiene que empezar a verse desde ahora, con las primeras medidas y las primeras decisiones. No se puede dejar al azar, o pensar que si la gente votó por ellos es porque depositó toda su confianza y esa confianza se mantendrá todo el tiempo, pase lo que pase. Pero no es así, la confianza se deteriora cuando las expectativas no se cumplen por los que llegan al poder. En este caso, quizás el senador Velasco tenga derecho a pedir licencia, como se acostumbra por los legisladores que brincan de un lugar a otro, pero los senadores de Morena y de los otros partidos pasan por alto algunos pequeños detalles: que Velasco tramposamente promovió cambios en la Constitución para hacer esta maniobra, como un cacique que cambia a su antojo la Ley; pero también, y quizás más importante en términos de imagen, que el Verde es el partido más desprestigiado de México, un partido que se vende al mejor postor. La imagen que queda es el de un Morena cobijando a un partido corrupto como es el PVEM, como si fuera el último partido con el que pudiera aliarse para obtener mayoría, o como si fuera un partido con las mejores propuestas sobre algo, como se quiere hacer creer. Es como si los de Morena no hubieran registrado en todos estos años que el Verde es el partido más repudiado, y se ha exigido a gritos en todos los foros cancelar su registro como organización. Los senadores de Morena o Ricardo Monreal como su coordinador podrían haber otorgado la licencia al cuestionado ex gobernador, pero, usando la tribuna, también habrían podido reprobar el cínico proceder de Velasco, como de alguna manera significaba la primera votación que, por unas cuantas horas por lo menos, había generado júbilo en la opinión pública. El inicio de los cambios institucionales, políticos o de otra naturaleza no tiene una fecha específica, pero aquí van a empezar claramente cuando en este caso Morena decida deslindarse de los vicios y las prácticas de la clase política que ha gobernado este país durante años. Deslindarse significa diferenciarse de los viejos partidos, de su grosero pragmatismo, de sus componendas y de sus acuerdos bajo el agua. El cambio de fondo radica en hacer política de otra manera, de cara a la sociedad, promoviendo la deliberación y la construcción de consensos, no tejiendo acuerdos entre la clase política para protegerse entre ellos, para solapar la corrupción y preservar el poder. Es mentira, como dicen los políticos, que así es la política. Para cambiar, Morena tiene que empezar desde su interior, revisando sus propias visiones y concepciones que, se quiera o no, muchas vienen del viejo régimen. Y tiene que hacerlo rápido. El autor es analista político.

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