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Columnas MAR DE FONDO

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Los desafíos de Morena en BC Con el triunfo apabullante que obtuvo en Baja California en la pasada elección presidencial, Morena se convirtió automáticamente en el partido que puede volver a arrasar en la elección de 2019, conquistando la gubernatura, las alcaldías y el Congreso local. El triunfo le da un “bono electoral” que tiende a acrecentarse por las condiciones maltrechas en que quedaron el resto de los partidos políticos. Pero el triunfo también le acarrea otros problemas o desafíos. El primero es que esta situación envidiable de carácter coyuntural hace que aumente exponencialmente el número de aspirantes a ser candidatos a un puesto público, tomando a Morena como una simple plataforma de lanzamiento. Sin reglas claras, así como se ha movido hasta ahora, es casi seguro que esta situación puede terminar en una trifulca interna que puede afectar su imagen. El segundo problema es que muchos o una buena parte de sus aspirantes a un cargo en el gobierno no tengan el perfil que exige este momento o, mejor dicho, que no compartan o puedan inscribirse en los lineamientos que ha venido trazando López Obrador para impulsar desde el gobierno, como ya se observa desde ahora. Por las mismas circunstancias en que Morena se ha ido construyendo en la entidad, pero también por el pragmatismo con que muchas de sus acciones se han tomado, Morena es un amasijo de posturas en BC, desde miembros que vienen del viejo PRI hasta otros que recién desertaron del PAN, o del PRD y otras corrientes más de lado de la izquierda ortodoxa. Esta composición variopinta quizás fue pertinente y hasta necesaria para ganar la campaña electoral, pero lo que pudo haber sido una virtud ahora puede convertirse en un lastre y en una fuente de conflictos. Antes se trataba de aglutinar a todo tipo de individuos para ganar el gobierno, pero ahora de lo que se trata, o se tratará, es de gobernar bajo una línea coherente y organizada. El tercer gran desafío o problema de Morena, derivado de lo anterior, es que si este partido llega al gobierno en BC sin tener claro todo lo anterior, no volverá a servir de nada la alternancia en el gobierno, como sucedió con el PAN desde 1989. Sería, otra vez, un cambio superficial o, como ha sucedido en los últimos años, un simple relevo de la clase política. No es faltar a la verdad decir que Morena en BC no tiene liderazgos políticos consolidados y tampoco un gran número de miembros que se ubiquen con claridad en la perspectiva política e ideológica de AMLO. Hay seguidores y simpatizantes, pero muy pocos, poquísimos, que entiendan el verdadero significado del movimiento y la visión política que tiene López Obrador. Jaime Bonilla, a quien AMLO ha otorgado un papel de operador político e instrumento para sus directrices en la construcción de su triunfo, no aparece como un factor que pueda dotar de contenido el cambio en la entidad. Bonilla es, fundamentalmente, un empresario asociado de algún modo a ese estilo pragmático y tosco que han mostrado los gobernadores del PAN, que no saben nada de política y menos de cómo gobernar. Para que en BC haya un cambio de régimen, como lo dice o lo entiende AMLO, es necesario que llegue a los gobiernos otra clase política, más comprometida con la gente, más dispuesta a someterse al escrutinio público y más dispuesta a ejercer el gobierno de manera incluyente, no selectiva, o de manera elitista como lo ha hecho el PAN en estos 30 años. En Morena hay personas, muy pocas pero las hay, que pueden entender e inscribirse en una perspectiva de cambio más profunda, pero algunos de ellos no pertenecen al círculo estrecho de Bonilla, que es por donde bajarán las decisiones sobre candidaturas y de otro tipo para 2019. Ese control férreo puede mantener la unidad por el momento, pero a la larga puede abrir un flanco débil para los futuros triunfos de Morena. Todo esto tiene una importancia inusitada porque con el triunfo de Morena en BC no se iría por “la cuarta transformación” como promete AMLO para el país, sino por la “primera transformación”, dado los gobiernos fallidos del PAN que, al ganar en 1989, no sólo le entregó el partido sino también los gobiernos al sector empresarial, cuya visión en general no está dirigida hacia la gobernabilidad y la cohesión social, sino hacia los negocios particulares. "Kiko" Vega es el más claro ejemplo. El voto por Morena en BC reclama un cambio de fondo, no una simple sustitución de un partido por otro. La elección de sus candidatos a cargos públicos para la elección de 2019 será crucial para ver si está entendiendo este mensaje, para ver si sus perfiles corresponden a esta necesidad de cambio, o para ver si seguiremos en el mismo gatopardismo que se ha vivido con los gobiernos de la alternancia. El tiempo empezó a correr. El autor es analista político.

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