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Columnas MAR DE FONDO

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

La guerrita por el voto útil Como un barco que se hunde desesperadamente y sus tripulantes hacen todo lo posible por salvarlo, el PAN y el PRI emprendieron durante las últimas semanas de la campaña una “guerrita” para conquistar el voto útil. Después de mantenerse casi en el mismo lugar de las preferencias electorales, disputándose el segundo sitio, estos partidos deciden ya casi al final de la contienda promover la idea de que la elección todavía no está definida. Vale la pena dedicar una columna a este asunto no por su importancia, sino por lo delirante que ha sido esta campañita del miedo y la conquista del voto útil. Hay cientos de ejemplos, pero por el espacio sólo me limito a unos cuantos que han circulado profusamente en estos días. Uno de ellos es dudar o cuestionar la veracidad e incluso la importancia de las encuestas electorales. La conseja que siguen estos partidos es que si no quieres que algunos electores definan su voto a partir de las encuestas, y con ellas se decidan por el puntero, cuestiónalas como un instrumento válido. Señala que tú tienes tus propias encuestas con otros resultados, e incluso no estaría de más si públicas algunas, aunque su metodología no sea la apropiada. Pues esto es lo que han hecho los candidatos del PRI y del PAN, arrastrando a algunos analistas que hablan del nefasto papel que juegan las encuestas que contribuyen a definir el voto de algunos ciudadanos. Algunos llegan a firmar que las encuestas hacen el papel de la “segunda vuelta” electoral, que no existe en México. El propósito final de dicha campaña es confundir, sin reparar en el daño que se le hace a los estudios demoscópicos, que no son perfectos. Un segundo ejemplo de la misma guerrita es intentar asociar el voto de algunos ciudadanos con el resultado del equipo de futbol mexicano. Si México gana un partido o dos, entonces esto quiere decir que la visión “negativa” que tienen muchos mexicanos de su país, y que por ello mismo se ven impelidos a votar por una opción extrema, va a cambiar. Es decir, si la selección de futbol gana unos juegos, hay una alta probabilidad de que AMLO pierda. El resultado contrario sería si el equipo pierde, pues eso aumentaría el enojo. Y así varios razonamientos por el estilo, rayando en el absurdo. Un ejemplo más, ligado al anterior, es el que propone a los electores que “no voten enojados”, que no se dejen guiar por la rabia o el coraje, que sean más racionales y menos impulsivos porque, obviamente, eso favorece el voto por AMLO. Para este enfoque los votos por López Obrador se derivan del enojo y la rabia contra los gobiernos del PRI y del PAN o de un enojo contra todo. El enfoque confunde el enojo con la indignación y con la aspiración de cambio. Supone que en México no hay ningún motivo para que los ciudadanos estén enojados, porque todo marcha bien, se vive en paz, hay transparencia y honestidad en nuestros gobernantes y por delante hay un mundo de oportunidades. El enfoque elimina de tajo una función esencial del voto, que es la de trasmitir de manera pacífica todos los estados de ánimo del ciudadano, incluyendo la rabia y el enojo contra los partidos y los gobiernos. Hay muchos más ejemplos que se inscriben en la misma lógica, pero con estos basta para mostrar al lector las “técnicas” que están siguiendo los partidos que van muy atrás en las encuestas para ganar el voto “antiPeje”, es decir, para ganar a aquellos que están buscando una opción que impida el triunfo de López Obrador. El asunto clave en esta elección es que el voto antiPeje se dividió entre el PRI y el PAN y todas las campañas del miedo no lograron constituir una corriente opositora con capacidad para disputarle la presidencia a AMLO. Ya sea porque desde muy temprano de la campaña un alto porcentaje de electores decidieron inclinarse por López Obrador, o bien porque el resto de las opciones políticas (PRI y PAN) simplemente no lograron cuajar por sus propias contradicciones, sus debilidades o por su historial político reciente, quedándose estancados en la preferencia de los ciudadanos. Hacer una campañita de miedo o para promover el voto útil a unos cuantos días de la elección, sólo afianza la idea de que los partidos y candidatos rezagados se dejaron guiar por la desesperación y por un refrán muy conocido: “De lo perdido, lo que aparezca”, o de otros semejantes. Una mala forma de hacer política… y de perder. El autor es analista político.

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