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Columnas MAR DE FONDO

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

¿Mantendrá AMLO su ventaja? El dato dominante de esta elección presidencial es la clara ventaja que ha venido mostrando el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, con respecto a sus dos principales competidores, según lo muestran varias encuestas realizadas hasta ahora. En promedio, AMLO tiene 35 por ciento, Ricardo Anaya 21 y José Antonio Meade 16. Otros estudios le dan 39 por ciento al primero, 29 al segundo y 22 al tercero. Su ventaja, así, estaría oscilando entre 14 y 10 puntos con respecto al segundo lugar. El segundo dato de esta elección es que la ventaja de AMLO se ha mantenido durante varios meses seguidos, prácticamente desde los destapes de los candidatos (si es que así se puede decir), hasta este momento en que están a punto de arrancar formalmente las campañas electorales. La pregunta acuciante, por lo tanto, que flota en el ambiente político es si el candidato de Morena podrá conservar esta clara ventaja por los siguientes 100 días hasta llegar al día de la elección. Es difícil poder dar una respuesta definitiva, primero porque falta el tramo más decisivo de la campaña, falta ver si los debates pueden alterar en algo las preferencias electorales, falta ver si la elección se polariza entre dos fuerzas o permanecen las tres que estamos viendo ahora, si los candidatos independientes pueden cambiar, aunque sea un poco, este escenario y, por último, falta ver si el puntero comete un error grave que lo haga perder varios puntos porcentuales. No obstante esta dificultad, creo que hay varios factores que indican que este escenario no va a cambiar mucho de aquí al día de la elección. Una de las razones clave de esto es el pleito cerrado y a muerte entre el PRI y el PAN por colocarse claramente en el segundo lugar, para desde ahí encarar en otras condiciones a López Obrador. El pleito no es coyuntural, como podría creerse, sino una expresión de una crisis más profunda con la que llegan ambos partidos a estos comicios. El PAN ha llegado fracturado, como otras veces en su historia, pero ahora con dos corrientes enfrentadas que buscan anularse mutuamente. El PRI, por su lado, ha llegado con una carga negativa monumental, con una gestión presidencial sin reconocimiento, cargando el desprestigio de varios gobernadores y con varios escándalos de corrupción. Estos partidos podrían cambiar del lugar que tienen ahora en las encuestas, es decir, el PRI podría desplazar al PAN del segundo lugar (como claramente lo está intentando desde el gobierno), o bien mantenerse igual que ahora, pero, dadas sus crisis y los lastres con que cargan, ninguno parece estar en condiciones de acercarse peligrosamente a López Obrador. Este es el punto. O dicho de otra forma, la enorme ventaja que presenta AMLO se debe justamente al férreo enfrentamiento que mantienen ambos partidos políticos que, en aras de destruirse mutuamente, tienden a estancarse en términos de preferencias electorales. Entre más peleen entre ellos, menos crecerán entre los electores. Este dato también es distintivo de este proceso electoral, a diferencia de la elección de 2006 y 2012 por ejemplo. En 2006 la disputa se dio entre el PAN y la coalición encabezada por López Obrador, mientras el PRI se mantenía rezagado. En 2012 la disputa se centró entre el PRI y AMLO, mientras el PAN se iba al tercer lugar. Ahora AMLO va sólo, en tanto que los otros partidos se enfrentan entre sí, generando automáticamente las mejores condiciones para que gane la presidencia. Lo anterior nos permite afirmar que, de algún modo, la alianza tácita o probablemente explícita entre el PRI y el PAN en las elecciones presidenciales pasadas, al lado del temor a AMLO, impidieron que éste último ganara la presidencia. Un factor que justamente ahora ha desaparecido, salvo que en su desesperación ambos partidos terminen aliándose o buscando acuerdos “por debajo del agua” para cambiar la balanza de las preferencias electorales. Se ve remoto, pero puede ocurrir en los 100 días que faltan. Lo otro que puede suceder y alterar la ventaja de AMLO son, por supuesto, sus errores y la falta de coherencia en sus propuestas, las amenazas veladas como la de no “amarrar el tigre” si hay un fraude, los candidatos impresentables que están llegando a granel de otros partidos a Morena, además de un discurso y un sonsonete que, en aras de la paz o de evitar conflictos, se está quedando en puras generalidades. Hasta ahora, la campaña ha estado bastante aburrida, con un pleito entre dos que sólo sirve para enlodar la atmósfera política y mostrar las limitaciones de sus candidatos, en tanto que AMLO cuida su ventaja de 14 puntos haciendo reuniones domésticas, llamando a la civilidad a los otros para incentivar y mantener vivo el pleito entre ellos, sabiendo que están hundidos en la corrupción. Esperemos que en los próximos días suceda algo interesante y que, aunque no va a ser el caso, los ciudadanos conozcan más de las propuestas para gobernar este país. Esperemos. El autor es analista político.

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