No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas MAR DE FONDO

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

La batalla electoral que viene La mitad de 2018 será prácticamente electoral, hasta el 1 de julio que se celebran las votaciones para presidente de la República, diputados y senadores, además de los puestos locales que se juegan en algunos estados. El resto del año se irá entre la revisión de los resultados, los conflictos postelectorales y la integración del gabinete del candidato ganador, hasta llegar a la toma de posesión, ya casi al final de año. Esto si todo transcurre normalmente. La singularidad de esta elección presidencial es la participación de Andrés Manuel López Obrador como candidato por tercera vez, después de que en 2006 ganó la silla presidencial, o estuvo a punto de ganarla, según las cifras que se hicieron públicas, pero también después de la elección de 2012 en la que alcanzó un poco más de 15 millones de votos y se quedó cerca de la victoria. Las circunstancias de ahora son distintas o por lo menos hay varios elementos nuevos que pueden producir otro resultado. La persistencia de AMLO como líder político y social ha contribuido a que varios sectores de la sociedad le pierdan el miedo, como lo hubo en las dos campañas presidenciales anteriores, fomentado por sus rivales y otros grupos de poder. Es decir, el miedo no será esta vez un factor que le restará votos. Esta vez, también, tiene una estructura partidaria (Morena) que le va a servir para hacer la campaña proselitista, para cuidar las casillas y para movilizar de manera más organizada a algunas franjas de electores. Morena, a pocos meses de su formación, ha crecido como la espuma en algunas regiones y ha obtenido algunos triunfos, y se espera que en esta que podría considerarse su primera incursión importante logre ganar más espacios, entre ellos, por ejemplo, la Ciudad de México. Otro factor que le resulta favorable, por lo menos hasta ahora, es que los otros dos candidatos fuertes que le disputan la presidencia con las coaliciones formadas tanto por el PRI como por el PAN, han llegado a la campaña con lastres muy serios. Esto no quiere decir que a lo largo de la campaña no puedan superarlos, con todos los métodos que ya se conocen en las elecciones mexicanas. Pero hasta ahora, se quiera o no, ésta es una característica de esta elección. Todo esto quiere decir que el camino a la presidencia para AMLO se ve despejado o sin muchos tropiezos. Pero sería un error considerarlo así, pues la batalla apenas está iniciando. Entre los tropiezos que puede tener López Obrador hay que anotar los que vienen de su propio frente, producto de sus declaraciones, de sus decisiones o de sus propuestas de gobierno. También, por supuesto, hay que considerar los errores que surgen de su indeclinable manía de subestimar a sus adversarios políticos y, en contraparte, de sobreestimar las virtudes “del pueblo”. Para decirlo de otro modo, AMLO a pesar de estas ventajas y de algunas condiciones favorables, no tiene todavía la presidencia en el bolsillo, y no hay nada que indique que la ventaja mostrada hoy por las encuestas se mantenga invariable a medida que la campaña empiece a tomar vuelo. En esta elección también hay otro factor desconocido y no se sabe con certeza qué papel va a jugar, como son los candidatos independientes a la presidencia, que se da por primera vez en la historia de este país. De los postulantes es probable que sean dos los que cubran los requisitos para registrarse: “El Bronco” y Margarita Zavala. Hasta ahora, por lo que puede verse en su proceso de recolección de firmas, los “independientes” no entusiasman a grandes contingentes de electores, su fuerza es local y no nacional, se ven opacos y sin chispa, sin ideas novedosas y sin fuerza para enfrentarse a las maquinarias electorales de los partidos. Si esto continúa así, su participación lo único que va a provocar es la fracturación del voto, restando o sumando a los candidatos partidistas. Hay (o habemos, para decirlo con más rigor) ciudadanos que nos gustaría que la oferta político electoral fuera más rica, con más y mejores propuestas de gobierno y con una perspectiva más acorde a los graves problemas del país, que se han venido agravando durante las últimas tres décadas. Pero, cuando uno piensa así, no falta que alguien exclame: ¡esto es lo que hay y punto! Espero, como deseo de año nuevo, que la mayoría de los mexicanos hagan un esfuerzo por evaluar las ventajas de uno u otro candidato y voten por el que de verdad pueda sacar adelante este país. Es la oportunidad para discutir y debatir cuál es el rumbo y cuál es el partido y el presidente que está en condiciones de hacerlo. Basta ya de salidas falsas. ¡Feliz año nuevo para todos! El autor es analista político.

Comentarios