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Columnas El 2018 y su trascendencia para el 2019

La Verdad Sea Dicha

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Se acabó el proceso electoral federal, cuando menos en su etapa de consolidación de la votación, aunque falta aún la lectura oficial de los sufragios y las posibles reacciones. Un proceso nacional lleno de enfrentamientos, acusaciones mutuas, señalamientos ilógicos, algunos y otros reales, en donde las autoridades electorales aún dirimen diferencias. Un recorrido político que nos llevó a los límites de nuestra propia capacidad de autodestruirnos, en donde creímos las mentiras y las verdades a medias. En donde nos perdimos en nuestras incapacidades para debatir con profundo análisis, en donde podría triunfar la mentira prefabricada por todos lados o la mentira universal que se daba por hecho, por un electorado necesitado de creer, ante la inminente cita con las urnas. A estas alturas ya hay resultados de un proceso que a leguas se veía complicado. Escribo esta colaboración previo a la conclusión de la jornada electoral, con el deseo de que no haya mayores conflictos postelectorales, pero sin la certeza de que eso sea real. Pero nos vamos a lo local, que es lo que nos ocupa. En el caso de Baja California, la apuesta era, de nueva cuenta, vencer el abastecimiento, producto de la inapetencia electoral de miles de ciudadanos arraigados o sin identidad, que preferirían mantenerse al margen de tan trascendental decisión. Si bien los resultados de este proceso electoral federal parecía no interesarle a la mayor parte de la población, es evidente que servirá como un laboratorio para medir la capacidad de los grupos políticos al interior de los diferentes partidos que participarán en el proceso electoral local del 2019. El grupo Palaco, el grupo Tijuana, los cercanos al gobernador Francisco Vega de Lamadrid, los hermosillistas, elorduistas, tratarán de sacar raja del proceso federal para abonar a sus aspiraciones como grupos hegemónicos con futuros aspirantes a las alcaldías, diputaciones o gubernatura. Y hablamos de ellos porque son los que detentan el poder, habrá que ver a los priistas y los aspirantes de Morena, con todo el empuje que les dejó el proceso electoral federal. Este tipo de elecciones nacionales son un fenómeno político que muy poco atrae al electorado, pero que, sin embargo, sirve como el parámetro para medir realmente en el ámbito local a quienes cuentan con aspiraciones concretas para competir por las diputaciones locales, alcaldías y gubernatura. En el sabor amargo que siempre deja la política nacional, tan precaria y salvaje en muchos de sus pueriles análisis, nos encontramos en el día después de la jornada electoral, pero en el caso local, estamos parados en el punto de partida de lo que vendrá a partir de septiembre de este año, cuando arranque nuestro proceso electoral estatal, donde habremos de elegir gobernador, alcaldes y diputados. Va nuestro resto en un entorno político estatal en donde se visualiza un encono entre panistas, entre grupos políticos opositores a los blanquiazules y entre los grupos sociales que mantienen presencia desde hace más de un año contra el gobierno estatal. El proceso electoral federal fue sólo un anticipo deslucido, light, descafeinado, de lo que nos espera el próximo año. Así es que bienvenidos al proceso local, en donde los grupos políticos empezarán a medir músculo, mucho más profundo, en cuanto el INE de sus resultados oficiales. * La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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