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La Verdad Sea Dicha

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En el transcurso de las últimas semanas los mexicalenses se han visto envueltos en una mezcla de tristeza, cuestionamientos y por supuesto indignación. El sentir social, justificado sin lugar a dudas, es por los dos feminicidios que acontecieron: Delia Isabel y Valeria fueron arteramente asesinadas a golpes; en el caso de la primera, hasta fue desmembrada. Sin embargo, en esta ocasión no me voy a referir al resultado final que fue el homicidio, sino a los acontecimientos que lo antecedieron. Nos centraremos en las horas previas a la muerta de Valeria Ahumada Jáuregui. Las figuras que nos ocuparán son Noemí Dueñas y Óscar Manuel Córdoba Martínez, madre del presunto asesino y el testigo presencial del lamentable asesinato, respectivamente. Noemí dijo que en dos ocasiones, entre el sábado 14 y domingo 15 de abril, vio que su hijo le gritaba y golpeaba e incluso trataba de ahorcar a la víctima, pero se fue a su recámara, porque siempre discutían y su hijo acostumbraba a golpear a la joven Valeria. Óscar Manuel fue testigo presencial; en varias ocasiones del domingo 15 de abril vio al agresor golpear a su víctima. Incluso ante la discusión, desigual sin lugar a dudas entre un hombre y una mujer con fuerza física diferente, prefirió irse a fumar un cigarro hasta que pasaron los amargos momentos, los cuales al final fueron permanentes. El hubiera no existe, pero qué habría pasado si Noemí y Óscar Manuel hubieran actuado de manera activa, interrumpido la golpiza, separado al agresor de su víctima, hablado al 911. Creo, sin querer ser adivina, que las cosas hubieran sido radicalmente diferentes. Tendríamos viva a una joven madre de una niña de 5 años, trabajando en una tienda de accesorios en la Plaza Carranza, una mujer con sueños por construir. A cambio hay un feminicidio más en la capital de Baja California. Hace unos días veía una serie policiaca donde se hablaba del Nueva York altamente violento de los 80 en donde se mataban a diestra y siniestra. Pero el homicidio de una mujer llamó la atención de un periodista. No por su saña, que sí la tuvo, ni por su espectacularidad con la que no contó, ya que cientos de estos sucedían diariamente. Llamó la atención porque hubo 38 testigos y nadie hizo algo para evitar el homicidio. Esto generó cambios a las leyes para sancionar a los testigos presenciales que ignoraran los hechos criminales. Nuestra ley no sanciona a un testigo presencial, que con acciones directas pueda impedir un asesinato. Cuestionábamos al respecto a unas autoridades policiacas participantes en la investigación del crimen de Valeria, que nos comentaron que en el caso de Óscar Manuel no se acreditó ninguna participación activa en la organización o comisión del asesinato. Por lo tanto no hay sanción alguna. Lo mismo sucedió en el caso de Noemí Dueñas, no participó en la operación del crimen. Sin embargo, estos dos personajes nos llaman a la reflexión acerca de la participación social en este tipo de actos delincuenciales. Hay un imputado en presión preventiva, señalado por el crimen, su nombre es Sergio Enrique. Pero ¿hasta dónde llega la responsabilidad de las dos personas que vieron cómo Sergio golpeaba a la víctima hasta llegar a matarla, y no hicieron nada? Y la pregunta sigue: tuvieron la oportunidad de salvar a esta joven de 23 años que durante unas dos horas vio que su vida se esfumaba entre las manos de un violento sujeto y dos testigos omisos que fueron ciegos, sordos y mudos, que no actuaron. Ahí queda un escenario que nos obliga a dar un manotazo de autoridad, para evitar que la insensibilidad o el miedo nos paralicen, ante un hecho criminal. Aprovecho esta primera colaboración para agradecer al PERIÓDICO LA CRÓNICA la oportunidad de poder compartir con su enorme grupo de lectores, reflexiones acerca de lo que sucede en nuestro entorno, con su compleja interpretación periodística. La verdad sea dicha... La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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