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Nuño, candidato del PRI La decisión de quién será el candidato del PRI a la Presidencia la tomará Peña. Sólo su opinión contará. No obstante, muy al estilo priista, está enviando señales que pueden darnos una idea de por dónde anda su ánimo. Sin tener ningún tipo de información confidencial, le entro al juego de adivinar hacia dónde apuntará el dedo presidencial: creo que escogerá a Aurelio Nuño. Explico por qué. Son cuatro los posibles aspirantes priistas: Osorio, Meade, Narro y Nuño. Descarto, de entrada, al secretario de Gobernación. Peña sabe que los dos temas más importantes de la elección serán la inseguridad y la corrupción. Ambos asuntos le sientan mal a Osorio. Por un lado, ha sido el encargado de la seguridad pública de este gobierno con resultados desastrosos. 2017 será el año más violento de los últimos veinte. El saldo de muertos del sexenio de Peña será mayor al de Calderón. Ayer, el secretario de Gobernación compareció en el Senado y recurrió al viejo expediente de echarle la culpa a los gobiernos locales. Imaginémoslo en campaña siendo criticado todos los días por su mala actuación en esta materia. Por otro lado, estos días se ha publicado cómo constructores de Hidalgo se han visto beneficiados con muchas obras federales este sexenio. Ya sabíamos, gracias a un reportaje de Proceso de 2015, que uno de ellos, que antes era gallero y se convirtió en constructor cuando Osorio fue gobernador de ese estado, es el que le renta una casa en las Lomas al hoy secretario. Este tipo de historias podrían ser kriptonita para un candidato priista en una elección donde la percepción de honestidad será fundamental para ganar. Por eso, descarto a Osorio. Quedan tres. Empiezo con Meade. Ayer ocurrió un evento significativo. Frente al cuerpo diplomático acreditado en México, el secretario de Relaciones Exteriores, el hombre más fuerte de este sexenio, se deshizo en halagos por el secretario de Hacienda. Lo comparó nada menos que con el Presidente que fundó el PRI, Plutarco Elías Calles. Dijo Luis Videgaray: “Bajo el liderazgo de José Antonio Meade, hoy México tiene rumbo, tiene estabilidad y claridad en las decisiones de la política económica […] Es uno de los mexicanos más talentosos y preparados, con una trayectoria impecable, y que ha sido protagonistas de una de las transformaciones de los éxitos de la política publica en México, en las últimas décadas.” Parecería un pre-destape en voz del secretario más cercano del Presidente. Hoy, se habla de Meade por todos lados. En las apuestas, los momios están a su favor. Existe una verdadera cargada que ya lo ve no sólo como candidato sino como Presidente. Los empresarios, en particular, lo ven con buenos ojos. El líder empresarial, Claudio X González Laporte, hace unas semanas afirmó que el PRI había mejorado sus posibilidades al haberle quitado los candados a la candidatura de Meade. Parecería, entonces, que es un mero trámite el dedazo a favor del secretario de Hacienda. No lo creo. Conociendo la importancia que tiene “la liturgia” priista para Peña, no veo cómo el Presidente aceptaría un pre-destape por parte de Videgaray. Tampoco pienso que el secretario haya dicho lo que dijo sin la aprobación de Los Pinos. Por eso, creo que es una finta. Si efectivamente lanza a Meade, López Obrador, quien es el candidato a vencer, dirá que el PRI puso al candidato que querían los empresarios y Videgaray, distinguidos miembros de la “mafia del poder”. Ya lo estoy escuchando: “Videgaray puso a Meade para reelegirse porque él es el que ha sido el verdadero Presidente este sexenio y quiere seguir siendo el próximo. Meade es su pelele”. En cambio, si Peña no pone a Meade, pues el que quede ya no lo podrán criticar por ser candidato de los empresarios o de Videgaray. Por eso, creo que hay que descartar a Meade, aunque pienso que jugará un papel muy importante como próximo gobernador del Banco de México. Quedan, entonces, dos: Narro y Nuño. Entre ellos tendría que decidir el Presidente utilizando, me parece, dos criterios: competitividad (que pueda ganar la elección) y lealtad (que le cuide las espaldas a Peña en caso de ganar). Creo que en ambos criterios le gana Nuño a Narro. Por una parte, lo veo más competitivo. La elección que viene será muy sucia y de golpes bajos. En la implementación de la reforma educativa, Nuño demostró ser fajador y con mano dura cuando se necesita. Narro, en cambio, tiene la fama de no pelearse, atributo muy positivo en ciertos puestos políticos, pero no para enfrentarse a otros dos fajadores como López Obrador y Anaya. Y en el asunto de la lealtad, Nuño es más cercano al Presidente que Narro. A diferencia del secretario de Salud, el de Educación Pública le debe toda su carrera política a Peña. Así me sumo al juego de las especulaciones y, por descartes, llego a la conclusión que será Nuño el candidato del PRI. Queda ver si el Presidente me hace quedar bien o mal con mis lectores. Twitter: @leozuckermann Correo electrónico: leo.zuckermann@cide.edu *- El autor es analista político/profesor investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

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