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Columnas Fin a la propaganda

Jaque Mate

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¿Por qué es la propaganda mucho más exitosa cuando promueve el odio que cuando trata de impulsar un sentimiento amistoso? Bertrand Russell La solución no es regular la publicidad gubernamental sino eliminarla. ¿De qué sirve que el gobierno nos recuerde constantemente que hace muy bien su trabajo o los diputados y senadores que legislan buenas leyes? Los cuestionamientos al uso político de los recursos de propaganda gubernamental no deben llevar a una nueva regulación, a la creación de nuevas burocracias, sino a la eliminación de ese gasto. El PRD afirma que el gobierno de Felipe Calderón erogó 42,243 millones de pesos para comprar publicidad mientras que Enrique Peña Nieto usó 36,261 millones de pesos de 2013 a 2016 (Reforma 22.11.17). Pero la solución no es regular la publicidad oficial, como busca el PRD en su iniciativa de Ley General de Comunicación Gubernamental o como ha ordenado la Suprema Corte de Justicia, sino entender que los ciudadanos no podemos pagar impuestos para difundir propaganda. El PRD está proponiendo modificar por enésima vez los artículos 6 y 134 de la Constitución para crear un Consejo Nacional de Comunicación Social, el cual sería autónomo y controlaría toda la propaganda gubernamental. Pero este nuevo consejo, como los demás organismos autónomos creados en los últimos años, se convertiría en una nueva burocracia que absorbería recursos y sería escenario de luchas de poder entre los partidos políticos para colocar en ellos a funcionarios que defendieran sus intereses. No necesitamos que el gobierno gaste decenas de miles de millones de pesos al año para promoverse. Las informaciones oficiales deben ser difundidas simplemente en las páginas de internet del gobierno, sin sesgos propagandísticos, o en comunicados de prensa. El gobierno no tiene por qué comprar planas de periódicos y revistas o tiempos de radio y televisión. Tampoco tiene por qué contratar agencias de publicidad y relaciones públicas para promover información entre los medios. Incluso el uso de los tiempos de Estado en radio y televisión abiertas debe terminar. La publicidad gubernamental no sólo ha sido costosa para el país y ha generado relaciones perversas entre algunos medios y los distintos órdenes de gobierno, sino que ni siquiera ha sido eficaz para lograr sus supuestos objetivos. El público no está mejor informado hoy sobre lo que hacen los distintos gobiernos. El presidente, la mayoría de los gobernantes locales y la clase política tienen bajísimos niveles de aprobación. En México las oposiciones registran triunfos electorales muy superiores a los de otros países democráticos. Tan solo en 2015 y 2016 el 62 por ciento de las elecciones para gobiernos estatales fueron ganadas por candidatos de oposición. La propaganda tradicional no funciona en los tiempos del internet y las redes sociales. Los políticos tienen una obsesión por regular aquellos programas de gasto que no los benefician. En este caso, sin embargo, debemos preguntarnos por qué un país pobre como el nuestro ha gastado 78,504 millones de pesos en 10 años para difundir propaganda política. Hay quien dice que este renglón es muy pequeño frente a los 5 billones 236 mil 400 millones de pesos que el sector público gastará en este 2018, 41,231 pesos por cada uno de los 127 millones de mexicanos. Pero es un gasto que debe eliminarse no sólo por superfluo, sino porque hace daño a la sociedad y por ineficaz. Crear un Consejo Nacional de Comunicación Social que regule el gasto en propaganda es no entender la naturaleza verdadera del problema. Desbandada El Bronco es sólo uno de muchos funcionarios que están renunciando a sus cargos para buscar nuevos puestos políticos. Tenemos un sistema que promueve que los funcionarios no cumplan con los plazos para los que fueron electos. Twitter: @SergioSarmiento * El autor es periodista y analista político/comentarista de televisión.

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