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Columnas EXÉGESIS

Exégesis

Por Arnoldo Castilla

Resentido social La palabra resentido deriva de resentimiento y se denomina así a una persona que se siente menospreciada, humillada, maltratada, discriminada, desatendida por la sociedad o grupo de personas. El resentido, se trata de una persona que de un modo habitual, experimenta sentimientos de menosprecio, de discriminación, de desatención, de menoscabo, que mencionábamos al principio de esta columna. Puede darse el menosprecio imaginariamente o realmente y este causa desaliento ante la falta de reconocimiento por servicios prestados. Con este sentimiento negativo se daña al que lo sufre y es una actitud que se convierte en una carga, en un sufrimiento, en una manera de etiquetar a otra persona, de discriminar, de menoscabarlo y hasta podríamos decir que de humillarlo, sobre todo cuando se trata de alguien que goza de autoridad pública o privada; y es una forma de justificar a la ciudadanía de sus errores como gobernante, o sea, el gobernante no tiene la culpa sino el ciudadano mexicano que todo lo critica, que de todo está inconforme. Esta etiqueta social, pretendiendo ser justificatoria de un mal gobierno, ha adquirido gran popularidad en los últimos días, divulgada por los miembros del gobierno federal actual, o sea, que no hemos tenido malos gobiernos, lo que ha habido es malos ciudadanos mexicanos, enfermos psicológicamente y acomplejados, que además han tenido la desgracia de toparse de administraciones que si bien han incurrido en corrupción, la ciudadanía no debería de estar quejándose porque, “mucho se ha hecho” para mantener a flote la nave del país, pese a las condiciones de un mar bravío que es la economía nacional. Los ciudadanos no se dan cuenta lo difícil que es gobernar un país como México dadas las condiciones de la economía internacional, lo que llena a su vez a los gobernados de rencor y de impotencia hacía un gobierno de autócratas, que viven en una burbuja y que si tienen automóviles caros, alhajas y residencias en diversos lugares del mundo, es porque se lo merecen, porque han llegado a triunfar sobre una bola de nacos que no saben disfrutar el dinero que ellos se han ganado con su inteligencia, utilizada para servir a la patria. El resentimiento social sí existe, proviene de la injusticia, del abuso y del enriquecimiento ilegítimo de unos cuantos que creen que se lo merecen todo y que en varios lustros se han apoderado de los bienes que forman la base fundamental de la economía nacional. Se ha dado un espacio de desigualdad en el cual los ricos son excesivamente ricos y los pobres son absurdamente pobres. Toca a Andrés Manuel López Obrador, canalizar los esfuerzos de los resentidos hacía una sociedad igualitaria y humanista. Bien dice César Cuello Nieto, Director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, que es necesario cambiar las condiciones socioeconómicas, pero agregaríamos nosotros, que también las cuestiones mentales y emocionales para abrir las bases al crecimiento y al desarrollo social, jurídico y económico, única forma de acabar con esta patología social (Se recomienda la lectura del libro de Santiago Ramírez Sandoval, titulado “Psicología del mexicano”.) Nota: Esta columna está dedicada a Iker, de nombre chiquito y de corazón grande, que no le cabe en el pecho. Quiere ser presidente de la república para castigar a los funcionarios ladrones y evitar que los niños de la calle se queden sin comer. A sus 7 años le gustan los libros y se afana por leer buscando cómo cambiar el pensamiento de los ricos y de los hombres malos que dejan a niños sin familia, para que todos vivamos felices. Así de sencillo. * El autor es catedrático de la UABC.

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