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Columnas EXÉGESIS

Exégesis

Por Arnoldo Castilla

El aborto y sus consecuencias PRIMERA PARTE Introducción.- Uno de los temas más discutidos y más discutibles es el aborto. En una época de pragmatismo se discute acaloradamente si debe sancionarse a quien “priva de la vida” al producto de la concepción, o esta acción debe estar exenta de punibilidad. El Código penal de Baja California define el delito de aborto como “la muerte del producto de la concepción”, la cual es penalmente castigada con algunas excepciones. Como el código mencionado define con base en la muerte del producto de la concepción al hablar de muerte, quiere decir que existió vida y la interrogante es si la mujer debe tener derecho a disponer de ese producto de la concepción por ser parte de su cuerpo, alimentado y dependiente en sus primeros meses en forma total de la alimentación y cuidado que le pueda brindar su madre. Está próximo a darse un enfrentamiento entre grupos que se inclinan a favor del aborto consentido por la madre y practicado por un médico, y en sentido contrario, grupos religiosos de diferentes denominaciones dicen que no debe practicarse el aborto porque significa destruir un alma. Alma con la que Dios dotó a todo ser humano y de la cual el cuerpo es un ropaje que la envuelve, alma de la que el ser humano no está facultado para disponer, repetimos, que no nos pertenece porque se trata de una donación de Dios al hombre y que incluye la vida, que al final de cuentas sigue siendo una posesión del creador. I. Está claro entonces que el Código Penal de Baja California se inclina por la corriente antiabortista tal como lo conceptúa en el artículo 132 y siguientes, del código antes mencionado, que define el aborto como la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez. No obstante, y como señalábamos en renglones anteriores, este mismo código establece causas de excepción en las que permite la práctica de dar muerte al individuo recién concebido, o sea, desde el momento de la concepción. No son punibles el aborto por imprudencia de la madre, el aborto es autorizado también cuando se trata del producto concebido como resultado de una violación y tampoco es penalmente sancionado el aborto terapéutico, o sea, que de no practicarse existe peligro para la vida de la madre, siempre y cuando lo practique un médico legalmente reconocido, contando con la opinión de otro profesional de la medicina si las condiciones lo permiten y dándose el debido aviso a las autoridades si las condiciones de salud de la parturienta lo permiten. La iglesia católica no está de acuerdo y por tanto, no justifica el aborto aunque se encuentre en peligro la vida de la madre o se trate de un hecho imprudente, descuidado, torpe, sin intención de causar el daño por parte de la embarazada. Se dice que si bien hubo un actuar culposo, la madre ya sufrió las consecuencias de su actuar imprudente con la pérdida de su hijo y por tanto no es acertado como política criminal aplicar un castigo a la madre que actuó con defecto de cuidado, con desatención, no previendo lo que debió preveer, ni evitando lo que debió evitar. II. La discusión entre los grupos ya mencionados, y que trata de encontrar respuesta a si se debe dejar a voluntad de la madre si se practica el aborto o no; y que tiene como base la idea de que los hijos no deseados van a ser futuros delincuentes, es endeble y carece de base científica ya que se da el caso de niños que no son deseados por sus padres, pero con la educación o la adopción de una familia, resultan excelentes ciudadanos. Si asumimos una política pública consistente en dar muerte a un niño no deseado que se supone puede llegar a ser delincuente, estamos aplicando un proceder autoritario, negando el derecho a la vida a quien no tiene posibilidad de defenderse. Es responsabilidad y obligación del Estado, defender el derecho de una persona a vivir y así como luchamos por un medio ambiente sustentable con mejoramiento de las condiciones de salud pública y el aseguramiento de una ecología sana, asimismo estamos obligados a defender la vida de cualquier ser humano. Continuará. * El autor es catedrático de la UABC.

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