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Columnas EXÉGESIS

Exégesis

Por Arnoldo Castilla

El debate Seleccionar a la mexicana o mexicano que va a ocupar la presidencia de la república, no es tarea fácil, complejo es comparecer en un debate entre candidatos, cada uno de ellos mostrando sus cualidades y defectos, sus aciertos y desaciertos. La prueba está en los palpables errores que alguno de ellos cometió al responder al interrogatorio mordaz que se le hizo, por ejemplo: el candidato conocido con el sobrenombre de “El Bronco”, propuso como solución para la inseguridad, cortar la mano de los ladrones y reiteró que esto era literalmente, no un símil, no un ejemplo. Posteriormente le preguntaron a este mismo candidato ¿Qué opinaba del matrimonio?, A lo que contestó “Que lo respetaba tanto, que se había casado tres veces”, y en otra desafortunada intervención, se le criticó por que en ocasiones anteriores llamó gordas a las mujeres embarazadas, y dijo que así era la costumbre en el Estado de Nuevo León, lo que no es de ninguna manera cierto. Pero para que vean que somos imparciales, anotamos el acierto del Bronco, cuando López Obrador se ufanó de haber puesto en venta el avión recién comprado por el presidente la república, ofertándolo al presidente de los Estados Unidos sin contar con derechos para disponer de bienes nacionales, tal como se le hizo ver por parte del ex gobernador de Nuevo León. En las ocasiones que intervino el candidato Ricardo Anaya, no justificó la manera en cómo logró hacerse de dos departamentos de lujo en los Estados Unidos, y en su turno, vapulearon al candidato conocido como “El peje” del partido Morena, por no dar respuesta a la pregunta ¿Cómo justifica su sostenimiento, si siempre ha sobrevivido haciendo política? ¿Será de un fideicomiso por varios millones de pesos del cual derivan los gastos del peje y su familia? Por otra parte, el candidato del PRI José Antonio Meade, afirmó no haber realizado en su vida actividades de corrupción, ganándose por esto una llamada de atención por parte de los otros panelistas, en el sentido de que, de alguna manera, al haber trabajado a favor de los partidos PRI y PAN, fungió como encubridor. Y así sucesivamente, a cada candidato se le hicieron notables sus defectos, aclarando nosotros, que sabemos que no hay hombre perfecto para gobernar, pero sí los mexicanos buscamos con desesperación al hombre menos malo en el ejercicio político, en esta época tan difícil por la extensión que ha alcanzado el fenómeno de la corrupción, que ha llevado al pueblo mexicano a una situación de hartazgo y que pueda encaminarnos hacía manifestaciones de violencia. Si esto no lo entienden los que ejercen el control político y económico del país, sino abren la puerta a procesos electorales más democráticos y más participativos, las condiciones de descontento seguirán aumentando para un pueblo que no ve expectativas cercanas de alcanzar una vida más democrática, más libre, de la cual derive un reparto más justo de la riqueza. Nota: En el corazón y en la mente de cada mexicano se alberga la esperanza de que eventos políticos como el del domingo, formen parte del cambio estructural tan necesario para el país. Vimos a un grupo de mexicanos haciendo esfuerzos para atraer el voto ciudadano, a pesar de las limitaciones de tipo intelectual. Vimos también a un Peje enojado por sus propios errores, a un Bronco equivocado en la estrategia utilizada para llegar a una ciudadanía más demandante, más exigente. Escuchamos a un Anaya que no convenció sobre la legitimidad de los bienes que ha venido adquiriendo y valoramos a un aspirante José Antonio Meade, más burócrata que político y que se ha mantenido ajeno a la solución de la problemática que afecta a los grupos más vulnerados. Y de la señora Margarita Zavala podemos decir, que siendo una buena persona, pesa en su haber político su relación matrimonial con Felipe Calderón, director de un gobierno bastante cuestionado, sobre todo en materia de seguridad pública. * El autor es catedrátoco de la UABC.

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