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Columnas EXÉGESIS

Exégesis

Por Arnoldo Castilla

Dos temas I. Niños y jóvenes down. El domingo 8 del presente mes se reunieron en el bosque de la ciudad más de 600 personas con el fin de concientización acerca de las personas con síndrome de Down. Qué valor demuestran los padres de estos niños, niñas e incluso jovencitos, para estar al pendiente y cuidar permanentemente de sus necesidades. Qué poco apoyo les brindamos, cuando deberíamos de unirnos todos en una cruzada para apoyar las tareas de tratamiento e investigación que el tema requiere. No todas las personas que padecen este síndrome pueden tratarse como enfermos, por el contrario, hay quienes siendo downs viven una vida interna y son aptos para los estudios teóricos y labores manuales. Conozco el caso de una familia con un hijo que cursa preparatoria, que posee un coeficiente intelectual muy elevado, destacado en las matemáticas y el manejo de la computadora. Esta familia, muy cercana a mis afectos, ha cuidado con gran esmero las necesidades de este jovencito, lo que le permite adaptarse a la sociedad y ser un ejemplo escolar. Me llama compadre y cada vez que lo veo se me estremece el alma al pensar que muchos de los dineros del presupuesto público asignados a los partidos políticos, podrían ser canalizados para promover una cruzada nacional en pro de la salud. Da coraje el desperdicio de los recursos públicos, que bien podrían utilizarlo en tareas como la salud del Down, en lugar de los dispendios que se cometen día con día en gastos inocuos que lleva a cabo la costosa burocracia, que poco hace por mejorar la administración pública de este país. II. Legítima defensa. Está de moda entre los abogados defensores apoyar sus argumentos en la legítima defensa, cuya utilización cae en el abuso del uso de esta institución. No se considera: i) Que para que exista legítima defensa debe existir la amenaza de un daño a un bien jurídico tutelado. ii) Que el daño que se pretendía causar, era de igual o mayor jerarquía. iii) Que los medios empleados son los idóneos para evitar la lesión al bien jurídico. Si existe otro medio menos dañoso que se pueda aplicar al caso y no se utiliza, no habrá legítima defensa. iv) La legítima defensa es una excepción en el que la Ley no castiga el delito aunque resulten dañados bienes jurídicos, por existir preponderancia de intereses. Se trata de salvar un bien de igual o mayor jerarquía, frente a un bien de menor jerarquía. En la legítima defensa debe quedar claro que el que se defiende, no desea causar daño sino evitarlo, y ante la ausencia de autoridad que nos proteja, se nos autoriza el ejercicio de la fuerza. La Ley permite que el particular retome la facultad de defenderse porque el Estado no está en condiciones para hacerlo. En síntesis, podemos decir que tenemos derecho a ser protegidos en nuestros bienes jurídicos, y cuando el Estado no está en aptitud de hacerlo, vuelve a nosotros el derecho de defendernos, siempre y cuando se den todos los requisitos que señala el Código Penal vigente. Hay quienes piensan que si somos lesionados en nuestros bienes, en automático surge el derecho a la legítima defensa, lo que no es cierto, esto significa venganza, sino se dan los elementos que hemos venido reiterando en cada ocasión que pretendemos hacer valer el derecho a la legítima defensa, creado para detener daños y no para fundamentar venganzas. Nota: Cuando se ejercita la legítima defensa, podemos afirmar que el derecho a la defensa que pertenece originalmente al particular, es retomado por su titular. Lo anterior quiere decir que en ningún momento el particular está en aptitud de aplicar a sus derechos públicos fundamentales, solo en casos de excepción en que se permite que el ciudadano se defienda de un ataque no consumado, se devuelve el derecho a la titularidad de la legítima defensa. El autor es abogado y catedrático de la UABC.

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