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Columnas ¿Por qué tanto odio?

Educación

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No pasa un día en los Estados Unidos sin que Donald Trump pronuncie alguna frase que insulte a los hispanos o a cualquier otro grupo que emigra a ese país. Los trata como si fueran negativos en todos los aspectos y como si sus esfuerzos diarios para salir adelante no merecieran reconocimiento. La presencia de los migrantes está en todos los oficios, en todos sectores del trabajo profesional, en las tareas cotidianas dentro del hogar o en áreas especializadas. La enorme mayoría de los migrantes son personas de provecho y refuerzan, con su trabajo diario, la economía y la seguridad de la producción industrial y/o intelectual. No dependen ni del gobierno ni de las dádivas de nadie. Trabajan y devengan un salario con el cual abastecen y cubren sus compromisos familiares. Ahora Trump está realizando la campaña contra las caravanas de centroamericanos cuyo destino es la frontera Norte de México. Trump quisiera tener el poder para detenerlos antes de que llegaran a las garitas a solicitar asilo –por cuestiones de seguridad personal y de sus familias–, pero no lo tiene. Las acusaciones hechas contra ellos no bajan de que son unos vándalos armados y financiados para desquiciar la lógica de la vida estadounidense. Pero no muestra pruebas de lo que afirma. Envió centenares de soldados para proteger la frontera y espera que los migrantes sean detenidos brincándose la barda divisoria. Sin embargo, lo que han afirmados quienes viajan caminando es que solicitarán asilo en las puertas de entrada a ese país. Si es así, esto les dificultará a los soldados de EU el cumplir con la tarea encomendada, porque quienes buscan refugio lo harán ordenados, formándose en línea y esperando su turno para ser atendidos. Con estas afirmaciones y actitudes antinmigrantes, Trump está creando una atmosfera artificial, en la cual el odio hacia las minorías le redituará más votos por el miedo que impondrá. No es una situación de cómo se les ve, sino de qué tiene que hacer para promover el voto del miedo entre los ciudadanos blancos en las elecciones intermedias de este martes. Están en juego no solo los escaños de las cámaras alta y baja, sino la posibilidad de reelegirse para un período más. Trump sabe que no la tiene fácil y puede perder. Por consiguiente, será implacable y usará cualquier estrategia, por más sucia que sea, para lograr su objetivo. Ante este embate republicano, los demócratas tienen que redoblar esfuerzos y tratar de asegurarse de que todos puedan votar. También deben asegurarse de que los derechos de las minorías permanezcan invulnerables, para refrendar la participación creciente de todos en las elecciones que sigan. Por lo demás, quienes emigraron a ese país está obligados a tratar de ser consecuentes con las leyes y poner su mayor esfuerzo en defenderse de cualquier injusticia. No llegaron a ese país para implorar ayuda, sino para demostrar que están a la altura de cualquier circunstancia. La creciente ola de racismo que se ha levantado con firmeza a partir del mandato de Trump les afecta, pero no debe doblegarlos. Al contrario, deben buscar la forma de participar en las tareas democráticas para que su voz sea escuchada, pero también, para contribuir al respeto irrestricto de las culturas que conforman a ese país en la actualidad. Vale. * El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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