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Iglesia católica de nuevo "Por el derecho a la libertad de expresión" De nuevo aparecen los sacerdotes católicos como verdugos de la niñez, aprovechándose de su ascendiente para abusarlos y violarlos sexualmente. Esta nueva aparición pública de datos que revelan al abuso de los menores por miembros de ésta y otras religiones ya no es una nota aislada, parece una práctica sólida, consistente e institucional que las identifica como depredadoras implacables. La información que aparece en las Cortes de Pensilvania proporciona datos fríos y duros sobre las prácticas de los párrocos y de la protección que reciben de parte de obispos y autoridades judiciales. La antigua creencia de confiar y respetar a los padres de la Iglesia que fue impulsada por nuestras familias ya no existe más. Ahora el consejo para nuestros niños es que no permitan que se les toque y, si eso sucede, deben decirles a quienes se encarguen de ellos. La iglesia se convierte en un espacio de alto riesgo en el que nuestra niñez está en peligro y a la cual se le debe vigilar muy de cerca. Con toda la saña de que son capaces, los sacerdotes utilizan la fe cristiana para engatusar u obligar a niños y niñas a tener relaciones sexuales con ellos. Con las fantasías sexuales que los miembros de la Iglesia utilizan para enardecerse, las cosas llegaron a situaciones extremas tales como fotografiar a un monaguillo sobre una cruz, para después abusar de él; buscar niños y niñas sordomudos que no tengan los medios para denunciar y violarlos; envolver a los menores con argumentos de la fe cristiana y el infierno, para hacerles creer que cualquier cosa que provenga de la Iglesia católica es, por consiguiente, pura y celestial, por lo cual no existe pecado alguno. En una nota de la cadena de noticias CNN se denuncia que en Harrisburg, Pensilvania, un clérigo violó a seis niñas de una misma familia, y recolectó porciones de orina, excremento y fluidos menstruales de ellas; otro violó en el hospital a una niña que le habían extirpado las anginas, y apenas se estaba recuperando de la operación; a otro niño lo obligaron a tener sexo oral y luego le dieron agua bendita para sanarlo. Estas son solo algunas historias de dolor, vergüenza y abuso de los religiosos. Lo más grave de todas estas tragedias es que los sacerdotes abusadores han estado siendo protegidos por obispos, cardenales, jueces y abogados de los Estados Unidos y otros países. El arrepentimiento, de dientes para afuera, que fue manifestado desde el año 2000 modificando la legislación no muestra ningún cambio en estas las actitudes enfermas. En México, el cardenal Norberto Rivera fue denunciado ante la PGR por encubrir a 15 sacerdotes pederastas. En Oaxaca, un clérigo fue denunciado penalmente de haber abusado de 45 niños indígenas y fue protegido por un obispo. Esta es la situación por la cual atraviesa nuevamente la Iglesia católica. Los sermones de los fines de semana, que supuestamente son más severos, nunca tratan estos asuntos que dañan a la gente en los más profundo de su ser: la dignidad humana. Los católicos enfrentan desde la profundidad de sus creencias, los graves pecados de los padres y la escalada de violencia contra los niños en todo el mundo. Nada es más fácil que aprovecharse de los desprotegidos. La Iglesia católica lo sabe y lo practica. Vale. * El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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