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Esperanzas mínimas "Por el derecho a la libertad de expresión" Muy pronto se le acabaron los tiempos al PAN, en los cuales podía decir, con toda tranquilidad, que tenía oportunidades amplias de ganar en las siguientes elecciones. El enorme peso político que captó con su participación en el trabajo cotidiano en las ciudades y su participación en movimientos sociales y en las elecciones, mismo que convirtió en gobernaturas, presidencias municipales y legisladores federales y locales, le duró sólo un momento en la historia del país. La capacidad de los panistas para aprovechar el peso político que adquirieron fue nula, pues lo tiraron por la borda con las pésimas administraciones que tuvieron. En lugar de tutelar el poder político adquirido devolviendo una porción a la ciudadanía, se dedicaron como los priistas, a incrementar sus riquezas personales, a conformar grupos de poder político pensando en los períodos electorales, anteponiendo intereses de grupo y relegando a los electores. Así, la mala vibra de darle trabajo a un grupo reducido de panistas, que brincaban de un puesto municipal a otro estatal o federal, fue una constante. El empoderamiento de grupos familiares por medio de plazas en la burocracia bajacaliforniana, fue y es una desvergüenza. Las actitudes gansteriles de los candidatos locales que mintieron y se olvidaron de sus promesas, campaña tras campaña, fue también una constante. El PAN perdió su objetivo central, expuesto en sus plataformas, por perseguir el dinero. Ahora por todo esto, están desprestigiados. Y es que el descaro con el cual se comportaban los líderes panistas era increíble. De repente, en un accidente en nuestra ciudad, por ejemplo, el hijo de un panista distinguido salía sin mayor problema del asunto por el poder de su padre. En otros muchos casos, los puestos burocráticos se entregaron a los descendientes según la importancia de la familia. Creían, tal vez, que los ciudadanos no se daban cuenta de las triquiñuelas y que se las iban a dejar pasar. Dentro del mismo partido, la desconfianza y el reconocimiento de la enorme corrupción que los rodeaba, era palpable. En las reuniones ordinarias del partido en los municipios, hubo denuncias importantes contra militantes favorecidos por los grupos de poder que en sus trabajos menospreciaban a la ciudadanía de manera consciente y constante. Pero a estos no se les hizo ningún reproche o llamada de atención. Todo eso se acumuló y su impacto se notó prístinamente en los resultados de las elecciones pasadas. De que hubo votantes panistas cruzando su boleta a favor de López Obrador, nadie lo duda. Por eso es que el PAN debe comenzar a hacerse una autocrítica profunda, porque en las próximas elecciones locales tampoco se va a recuperar. No tienen ningún candidato fuerte, porque el desempeño de este partido en los problemas estatales y locales ha sido cobarde y contrario a la ciudadanía, en muchos aspectos. Hasta ahora no han tenido el valor de apoyar las denuncias contra la corrupción. Se han encerrado en una actitud pusilánime y no han levantado la mano para apoyar. El PAN se convirtió en una tapadera más de la corrupción. En Tecate, no han dicho nada contra Javier Urbalejo Cinco ni menos contra César Moreno. En el 2019 sus posibilidades y sus esperanzas son mínimas, no solo pueden llegar a ser la tercera fuerza política local, sino que pueden desaparecer como partido. Así están las cosas. Vale. * El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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