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Columnas Hay de pumas a pumas

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Puma es una palabra quechúa que sirve para nombrar al león de montaña americano. Habita desde Alaska, la mitad Oeste de Canadá y los EUA, todo México, Centro y Sur América hasta la Patagonia. Al Norte le llaman “cougar”, en la ruralidad mexicana “el lión”. Es un gran felino silvestre que puede llegar a pesar 100 kilos, un poco menor que el jaguar. En los EUA se estima hay 30 mil pumas, en México ni idea. En lugares boscosos hay más que en los desiertos. Por ejemplo, la Isla de Vancouver, Canadá, tiene 800 pumas y es uno de los sitios en donde hay más ataques al hombre por parte del gato. El puma se alimenta de cualquier animal vivo, desde ratones hasta venados. Es solitario, solamente la hembra se deja acompañar de sus cachorros, usualmente dos. Los machos cazan solos. Acechan a su presa y en unos cuantos saltos o carrera corta la atrapan, muerden el cráneo si es pequeña o le rompen la tráquea si es grande. En México nadie se preocupa por él, si ataca o no, si se extingue o no. Pero apenas cruzamos a California ahí es todo un tema. El Parque Estatal de Cuyamaca muy frecuentado por mexicalenses, ha sido cerrado en varias ocasiones a causa de ataques de pumas a campistas. Allá existe todo un protocolo de “que hay qué hacer” ante la presencia del felino. Pero apenas cruzamos la línea internacional hacia Baja California el puma desaparece. No obstante, mi amigo biólogo Jorge Alanís que ha realizado estudios sobre el puma en la Sierra de San Pedro Mártir encontró que cada cañada que baja al desierto, es controlada por un puma, que caza en ella recorriéndola de arriba hacia abajo y viceversa. Pero en el Oeste de Canadá y EUA, el puma ataca al hombre año con año. En medio siglo se han cuantificado seis ataques por año y una muerte por año. Pero, nuevamente, nomás cruzamos a México y la bravura del puma desaparece, no hay ataques. Quizá por haber menos población humana. En el estado de Washington hace dos semanas un puma de cuatro años y 100 libras de peso atacó a dos ciclistas de montaña y mató a uno de ellos. Autoridades dieron cuenta del animal porque se sabe que los grandes felinos silvestres cuando prueban la carne humana se aficionan a ella. Cuando menos tres amigos cazadores han cazado un puma que se toparon por casualidad cuando buscaban venado, dos en Sonora y uno en Baja California, pero son casos excepcionales. A pesar que desconocemos su población, el puma no está protegido y puede ser cazado legalmente en este país. La única forma segura de cazarlo es con el auxilio de sabuesos entrenados. En la Sierra Madre así lo cazan los ganaderos afectados, pero en Baja California las feroces espinas de los cactos impiden esta estrategia canina. Los pumas mexicanos parecen ser mansos. La sierra sigue ardiendo, menos árboles, menor calidad de vida. El autor es investigador ambiental independiente.

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